29º FANCINE DE MÁLAGA (2): DÍA DE MIRADAS SUBVERSIVAS


En la primera jornada del 29º FANCINE de Málaga, hemos visto cuatro películas que, cada una a su modo, plantean una mirada subversiva sobre el mundo que nos rodea, con sus convencionalismos, sus materialismos, sus opresiones y sus pulsiones autoritarias.



En la Sección a Concurso, vimos la película brasileña Bacurau, dirigida por Juliano Dornelles y Kleber Mendonça Filho (de quien, recientemente, hemos visto Doña Clara - 2016-). Bacurau empieza pareciendo una historia vinculada al realismo mágico iberoamericano pero, de repente, da un giro y empieza a parecer un episodio de la serie Black Mirror para, en su desarrollo argumental y en su conclusión, adoptar un aire tarantiniano con su mezcla de humor y violencia. Lejos de lo que se pueda pensar con todo esto que hemos dicho, Dornelles y Mendonça Filho utilizan toda esa amalgama de referencias para construir un incendiario discurso crítico en el que se pone en cuestión las tendencias clasistas y autoritarias que laten en el interior de la sociedad brasileña (debiendo decir que es difícil no situar su discurso en el contexto de la llegada de Bolsonaro a la presidencia del país). Están espléndidos tanto la siempre fascinante Sonia Braga como el inquietante y tenebroso Udo Kier, con la revelación de un terceto de actores a los que habrá que seguir la pista: Bárbara Colen, Thomas Aquino y Silvero Pereira.




En la Sección Indómitos/Insólitos, se proyectó Jesus Shows You the Way to the Highway de Miguel Llansó, una película de la que ya hablamos en la revista, con reseña y entrevista a su director con motivo de su proyección en el último Festival de Sitges. Ya comentamos que se trataba de un film inclasificable que podría pasar por ser una "marcianada" de la que se podría disfrutar únicamente a efectos lúdicos (y ello es posible, por su alocado argumento, por su mezcla desprejuiciada de géneros y sus sucesivos giros sorprendentes e inesperados) pero que no es solo eso. En la entrevista que realizamos al director, este ya nos comentó el modo en que en su cine había influido su visión de cómo países subdesarrollados como Etiopía se habían visto inundados por todo tipo de productos procedentes del capitalismo occidental y chino y cómo, a partir de esa premisa, decidió burlarse de esa globalización salvaje en su primera película, Crumbs. En esa misma dirección apunta Jesus Shows You the Way to the Highway en la que, con una estética y escenografía setenteras, contemplamos el choque de elementos cronológicamente heterogéneos y situados (todos) fuera de contexto que ayudan a crear en el film un tono alucinado y delirante. Como decía Pier Paolo Pasolini, "la educación que a un muchacho le dan los objetos, las cosas, la realidad física convierte a ese muchacho al mismo tiempo en lo que es y en lo que será durante toda su vida" y, por ello, ese choque de objetos, cosas, realidades físicas acaba siendo subversivo en la medida en que hace aflorar todo lo absurdo e irracional que late en lo que hemos llegado a ser y acaba suponiendo una reivindicación de la sencillez y de una humanidad vivida con naturalidad frente a una artificialidad sin finalidad ni sentido.

Entrevista a Miguel Llansó

Reseña de la película

A la presentación de la película, acudieron dos de los actores de la película, Guillermo Llansó y Agustín Mateo, que acudieron a la cita vestidos como los insectos gigantes que son, por méritos propios, imágenes icónicas del film.




Guillermo Llansó y Agustín Mateo durante la presentación de Jesus Shows You the Way to the Highway en el 29º FANCINE de Málaga


José Manuel Cruz, director de Cine Arte Magazine, entre Guillermo Llansó (izqda.) y Agustín Mateo (dcha.), dos de los protagonistas de Jesus Shows You the Way to the Highway




La tercera película que vimos en esta primera jornada fue The Room, una coproducción entre Francia, Bélgica y Luxemburgo, dirigida por Christian Volckman y protagonizada por Olga Kurylenko y Kevin Janssens. La película plantea una variación respecto a la película inaugural del certamen, Vivarium, aunque presenta con esta algunas diferencias importantes. Si, en Vivarium, los protagonistas acababan atrapados, desde el primer momento, en una pesadilla mientras iban en busca de su casa soñada, en The Room sus protagonistas, tras adquirir una casa lejos del estresante entorno urbano, encuentran en ella una habitación que tiene un poder en principio deseado por cualquiera: darles todo aquello que pidan. Poco a poco, ese poder irá mostrando su faceta menos luminosa y los personajes se irán adentrando en un laberinto de difícil salida. Frente a Vivarium, The Room es menos rígida y, de este modo, su guion va trenzando sucesivos giros que logran evitar el principal riesgo que la historia planteaba, esto es, que el juego de "deseo solicitado, deseo cumplido" acabase cayendo en la monotonía. Pero, del mismo modo que Vivarium, esta moderna versión del cuento del Rey Midas también encierra un tono subversivo en la medida en que supone una crítica a la cultura consumista y materialista en la que nos movemos, lo cual tiende, tal vez, a emparentarla con films clásicos como El hombre que podía hacer milagros (1936) de Lothar Mendes y propuestas más actuales como Concursante (2007) de Rodrigo Cortés.



Para terminar de resumir la jornada, vamos a hablar de la coproducción de Dinamarca, Noruega y Alemania Suicide Tourist, dirigida por Jonas Alexander Arnby y protagonizada por el actor de Juego de tronos Nikolaj Coster-Waldau, quien interpreta a un ejecutivo de una compañía de seguros que descubre que tiene un tumor mortal en la cabeza. Ante ello, decide contratar los servicios de un hotel que pone fin a la vida de aquellos que no desean continuar con su existencia. Película rodada con una caligrafía elegante y precisa y que sabe ir dosificando muy bien los elementos clave de su trama, quizás no sabe explotar a fondo las posibilidades que la idea del "hotel para suicidas" ofrecía y, por ello, al final no acaba decantarse por un desenlace claro y acaba oscilando entre diversas variantes posibles, palideciendo, por tanto, frente a propuestas similares como Langosta (2015) de Yorgos Lanthimos y La cura del bienestar (2016) de Gore Verbinski. Hay que reconocer, sin embargo, la fuerza que acaba encerrando su sugerencia de que, ante cualquier necesidad o acción que no pueda ser llevada a cabo por el ser humano, siempre habrá una empresa o corporación dispuesta a hacer todo lo que sea para satisfacerla.



El fantastique, en una línea que empieza en Tod Browning y continúa con Herk Harvey, Leonard Kastle, George A. Romero, Jesús Franco, Álex de la Iglesia o Norberto Ramos del Val (y que alcanza a la reciente Joker de Todd Phillips) siempre ha albergado un componente incendiario y subversivo que puede pasar inadvertido si solo pensamos en la dinámica superficial del género.




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