DOBLES VIDAS DE OLIVIER ASSAYAS. LO PERMANENTE DEBAJO DE LO EFÍMERO



TÍTULO: Dobles vidas. TÍTULO ORIGINAL: Doubles vies. AÑO: 2018. NACIONALIDAD: Francia. DIRECCIÓN Y GUION: Olivier Assayas. MONTAJE: Simon Jacquet. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Yorick Le Saux. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Guillaume Canet, Juliette Binoche, Vincent Macaigne, Christa Théret, Nora Hamzawi, Pascal Gregory, Laurent Poitrenaux, Sigrid Bouaziz, Lionel Dray, Nicolas Bouchaud. PÁGINA WEB OFICIAL: http://bteampictures.es/doblesvidas/.


CALIFICACIÓN: 

Cuando hagamos balance de esta década de cine, habrá que decir que uno de los directores que más ha crecido artística y creativamente en los últimos años ha sido el francés Olivier Assayas. Carlos (2010), Después de mayo (2012), Viaje a Sils Maria (2014), Personal Shopper (2016) y, ahora, Dobles vidas, marcan la trayectoria de un autor muy personal, con un estilo hábil, sutil, inteligente y perspicaz. En las películas de Olivier Assayas, la trama argumental parece leve y casi evanescente. Podemos creer que no sucede apenas nada. Sin embargo, entre líneas, entre fotogramas, entre frases de diálogo aparentemente banales, a través de un relato ágil y fluido, Assayas nos habla de los grandes temas, de las grandes preocupaciones, de las grandes inquietudes del tiempo actual, no para hacer filosofía ni para proponer soluciones salvadoras sino para constatar nuestras limitaciones pero, a la vez, para revelar la grandeza y trascendencia del ser humano.

Quizás, en el conjunto de películas que hemos enumerado al principio de la reseña, Dobles vidas no es la mejor de ellas. Pero tampoco cabe considerarla una película menor. Porque habla de un tema muy candente desde una perspectiva bastante insólita. El tema candente es el de la digitalización, la irrupción del mundo de internet, de las redes sociales y de los smartphones en actividades tradicionales. Por ejemplo, el mundo editorial, todo lo relacionado con la creación, edición y divulgación de libros. Pero, dando un paso más allá, la irrupción de la digitalización va asociada a todo un conjunto de profundos cambios sociales, culturales, vitales, éticos y políticos. Y la gran paradoja es que el avance de la digitalización va unido a una creciente insatisfacción y sensación de vacío. Cada vez depositamos más expectativas en la digitalización y cada vez somos más conscientes de que la misma no va a tener todo el alcance que creíamos y deseábamos.





La perspectiva insólita de la que hablábamos, en consonancia con el estilo y personalidad de Assayas, es la de dejar que el tema principal del film esté casi siempre presente pero en una especie de segundo plano, un paisaje continuo y permanente tras lo que ocupa el papel principal de cada secuencia, que son las vivencias más rutinarias y cotidianas de los personajes protagonistas: un escritor que ve cómo el editor de toda su vida no quiere aceptar su nueva novela, el propio editor, que se debate entre la aceptación o no de los nuevos postulados digitales, la actriz cansada de hacer siempre el mismo papel en una serie de televisión, la asistente de un político que lucha porque sus mensajes lleguen a la opinión pública superando las barreras que impone el hastío y el escepticismo, parejas que, gastadas y enfrentadas a la necesidad de luchar contra el fin de la pasión y el enamoramiento, buscan salidas en otros amores y otras relaciones, personas que creen en nuevos modos y maneras de entender las relaciones sentimentales…

Pero, continuando Assayas siendo fiel a su personalidad autoral, todas esas pequeñas y grandes batallas que se van sucediendo a lo largo del metraje (pequeñas tal vez para quienes son ajenas a ellas, pero grandes para quienes deben vivirlas y protagonizarlas) desembocan, de modo parecido a como sucedía en Viaje a Sils Maria y en Personal Shopper, en la revelación de dimensiones del ser humano que escapan a lo estrictamente lógico y racional: ocurre un pequeño milagro que nos hace pensar que, por debajo de lo aparente y superficial, del río que fluye con sus cambios continuos, laten hechos constantes y valores permanentes que son los que verdaderamente nos definen y nos identifican como seres humanos. Por todo ello, de lo que Dobles vidas nos acaba hablando, como toda la obra de Oliver Assayas, es de qué somos por debajo de qué parecemos. Y ahí reside una virtud de su filmografía que, sin duda, hará que sea recordada por mucho, mucho tiempo.


TRÁILER DE LA PELÍCULA:



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