LA FAVORITA DE YORGOS LANTHIMOS. ¿UNA ACTUALIZACIÓN DE EL SIRVIENTE?




TÍTULO: La favorita. TÍTULO ORIGINAL: The Favourite. AÑO: 2018. NACIONALIDAD: Estados Unidos-Reino Unido-Irlanda. DIRECCIÓN: Yorgos Lanthimos. GUION: Deborah Davis y Tony McNamara. MONTAJE: Yorgos Mavropsaridis. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Robbie Ryan. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Olivia Colman, Rachel Weisz, Emma Stone, Nicholas Hoult, James Smith, Joe Alwyn, Mark Gatiss. DURACIÓN: 120 minutos. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.fox.es/la-favorita.

CALIFICACIÓN: 

El cine del griego Yorgos Lanthimos siempre ha tenido un fuerte componente de surrealismo, de recreación en la crueldad, de humor vitriólico y absurdo y de exploración de las contradicciones de las convenciones y dogmas establecidos. Con Canino (2009), Alps (2011), Langosta (2015) y El sacrificio de un ciervo sagrado (2017), el realizador heleno ha ido poniendo mangas por hombro nuestra ideas sobre los mecanismos de funcionamiento de la familia, sobre nuestra comprensión por el duelo y el dolor, sobre la bondad que creemos inherente al ser humano, sobre el amor romántico, sobre las doctrinas que se pretenden omniscientes, sobre la falsa protección que nos ofrecen las instituciones más cercanas y menos cuestionadas. El cine de Lanthimos siempre nos lleva a la incomodidad y al desasosiego, al malestar y a la risa nerviosa, a la perplejidad y a una especie de sentimiento descorazonador y pesimista sobre la capacidad del ser humano de hallar la serenidad y la armonía.

Ahora, Lanthimos, instalado en la cinematografía británica, pone su punto de mira en el poder y en los mecanismos que pueden llegar a condicionar su funcionamiento y su proceso de toma de decisiones. La favorita se desarrolla durante el reinado de la monarca Ana Estuardo, el cual tuvo lugar entre los años 1702 y 1714. Ana fue reina de Inglaterra, Escocia e Irlanda entre los años 1702 y 1707 y de Gran Bretaña entre 1707 y 1714, al unificarse Inglaterra y Escocia en un único reino. Durante este período, Gran Bretaña participó en la Guerra de Sucesión española, en oposición a Francia, hecho que tiene un peso muy importante en el argumento de La favorita. A pesar de las peculiaridades del cine de Lanthimos, este film ha conseguido nominaciones a los Oscar en diez categorías distintas, que son en realidad once nominaciones (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actriz – Olivia Colman, quien interpreta a la reina Ana–, Mejor Actriz de Reparto – Emma Stone y Rachel Weisz–, Mejor Guion Original, Mejor Diseño de Vestuario, Mejor Fotografía, Mejor Montaje, Mejor Vestuario y Mejor Diseño de Producción).

Y es que, aunque en el film están presentes muchos de los peculiares rasgos ya presentes en los anteriores títulos de Lanthimos, no es menos verdad que pesa en él muchos de los elementos de ese academicismo británico que tan eficazmente sabe afrontar el cine de época y que tanto gusta en Hollywood (recordemos, si no, los premios obtenidos por Regreso a Howard’s End – 1992– de James Ivory, Sentido y sensibilidad – 1995– de Ang Lee, El paciente inglés – 1996– de Anthony Minghella, Shakespeare in Love – 1998– de John Madden, y El discurso del rey – 2010– y La chica danesa – 2015– de Tom Hooper). Y es en esa convivencia entre dos tendencias realmente opuestas, donde la película acaba perdiendo energía y fuelle.






Porque, ciertamente, La favorita logra momentos de brillantez y originalidad cuando se aparta de los caminos trillados y retrata con desvergonzado humor el triángulo que acaban formando la reina, su favorita, Lady Sarah Jennings, duquesa de Marlborough, y la nueva criada de palacio (y prima de esta última), Abigail Hill, y las intrigas derivados del mismo. Con magníficas interpretaciones de Olivia Colman, Rachel Weisz y Emma Stone, respectivamente, la película se muestra en ese aspecto chispeante, aguda e ingeniosa. Pero, en su conjunto, termina pesando más el guion escrito por Deborah Davis y Tony McNamara (por primera vez, Lanthimos dirige una película no escrita por él y su inseparable, hasta ahora, Efthymis Filippou), un guion que se deja llevar más de lo que parece por temas clásicos y tratamientos ya puestos a prueba en vez de optar por lo audaz o lo inexplorado.

Y es que la influencia de cuestiones ya ampliamente tratadas en la literatura y el cine británicos en relación a cómo las relaciones familiares, sentimentales y sexuales acaban determinando las maniobras y los triunfos en las luchas por el poder es amplia y notoria. Aquí les traigo un extracto de Yo, Claudio de Robert Graves, novela escrita en 1934, el cual se refiere a Julia, esposa de Tiberio, para que lo comprueben:

“Julia merece mucha más simpatía de la que popularmente ha conquistado. (…) Durante su viudez, como he narrado, se enamoró de Tiberio y convenció a Augusto de que la dejara casarse con él. Tiberio, encolerizado por tener que divorciarse de su esposa por su causa, la trató con suma frialdad. Entonces Julia tuvo la imprudencia de abordar a Livia, en quien confiaba a pesar de los temores que le inspiraba, y le pidió consejo. Livia le dio un bebedizo, que debía tomar y le dijo que en el término de un año la tornaría irresistible para su esposo (…). Lo que Livia, en su crueldad, le entregó, era un destilado de los cuerpos triturados de ciertas pequeñas moscas verdes, procedentes de España, que estimuló de tal modo su apetito sexual, que se convirtió en algo muy similar a una demente. (…) Debido a la acción de la droga – que supongo se convirtió en una costumbre para ella–, se vio obligada a satisfacer sus ansias sexuales por medio de relaciones adúlteras con todos aquellos cortesanos jóvenes en quienes podía confiar que se comportarían con discreción”.






Esta vertiente temática se ha plasmado en el cine de manera muy diversa en títulos como El león en invierno (1968) de Anthony Harvey, Mayerling (1968) de Terence Young, Ludwig (1973) de Luchino Visconti, El escándalo Blaze (1989) de Ron Shelton, J. Edgar (2011) de Clint Eastwood o Welcome to New York (2014), se deja notar en series recientes como House of Cards o Juego de tronos y, de manera indirecta, se muestra con toda su contundencia en una película ya clásica como El sirviente (1963) de Joseph Losey. Porque, aunque este último film no habla estrictamente del poder, sí que habla, en última instancia, de la decadencia de la clase social dominante que acaba a merced de sus criados por medio de toda una serie de argucias en las que el sexo juego un papel crucial. Y, de hecho, casi podemos ver La favorita como una actualización de esta última película, solo que, quizás, con la dosis adicional de lucidez que el paso del tiempo ha proporcionado. Porque si el film de Losey parecía profetizar que la jerarquía social estaba a punto de invertirse (algo que, ahora sí que lo sabemos, nunca ocurrió), o que, como mínimo, no era tan difícil que se invirtiera, en La favorita parece decírsenos que existen relaciones de poder y fuerza difíciles de alterar y que, en ellas, el poder aparente es solo la fachada de mecanismos que se mueven en la sombra, mensaje casi inevitable en esta época en los que los gobierno han perdido casi todo su margen de maniobra a favor de los movimientos de los mercados y los dictados de los organismos supranacionales.

Por todo ello, aunque no cabe negar que La favorita es una película con personalidad propia que se deja ver con agrado, también hay que afirmar, al mismo tiempo, que tiene menos empuje y originalidad de lo que su apariencia quiere dar a entender. Y, quizás por ello, el director se toma la revancha en una última escena, inquietante y misteriosa, en la que Lanthimos deja su sello y en la que se nos insinúa que, a pesar de todo, puede existir una grieta oculta en la realidad que acabe provocando que nada sea como hasta ahora ha sido.


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