SUSPIRIA DE LUCA GUADAGNINO. A LA BÚSQUEDA DEL HORROR CÓSMICO.




TÍTULO: Suspiria. TÍTULO ORIGINAL: Suspiria. AÑO: 2018. NACIONALIDAD: Italia-Estados Unidos. DIRECCIÓN: Luca Guadagnino. GUION: David Kajganich, basándose en los personajes creados por Dario Argento y Daria Nicolodi. MÚSICA ORIGINAL: Thom Yorke. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Sayombhu Mukdeeprom. MONTAJE: Walter Fasano. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Dakota Johnson, Tilda Swinton, Mia Goth, Chloé Grace Moretz, Jessica Harper, Doris Hick, Malgorzata Bela, Angela Winkler, Vanda Capriolo, Alek Wek, Jessica Batut, Elena Fokina, Clementine Houdart, Ingrid Caven, Sylvie Testud, Fabrizia Sacchi, Brigitte Cuvelier, Renée Soutendijk, Christine Leboutte, Mikael Olsson, Fred Kelemen. DURACIÓN: 130 minutos. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.filmnation.com/suspiria/.

CALIFICACIÓN: 


Alguien que anda por ahí es un libro de cuentos que Julio Cortázar publicó en 1977. Dos de los relatos estremecen especialmente. Uno de ellos, “Segunda vez”, retrata una visita a una dependencia burocrática donde, en un momento dado, sucede algo inexplicable que rompe la rutina que cabe esperar en un lugar como ese: “Entre dos palabras María Elena sintió cómo que algo le molestaba, algo que no estaba del todo claro. No en la planilla, donde era fácil ir llenando los huecos; algo afuera, algo que faltaba o que no estaba en su sitio. Dejó de escribir y echó una mirada alrededor, las otras mesas con los empleados trabajando o hablando entre ellos, las paredes sucias con carteles y fotos, las dos ventanas, la puerta por donde había entrado, la única puerta de la oficina. Profesión, y al lado la línea punteada; automáticamente rellenó el hueco. La única puerta de la oficina, pero Carlos no estaba ahí. (…) María Elena abrió la puerta de salida y al empezar a bajar la escalera pensó de nuevo en Carlos, era raro que Carlos no hubiera salido como los otros. Era raro porque la oficina tenía solamente una puerta”. El otro relato, “Apocalipsis en Solentiname”, cuenta un viaje del propio Cortázar a Costa Rica en el que el poeta Ernesto Cardenal lo acaba llevando a una aldea nicaragüense y en la que el autor toma unas fotografías de unos cuadros pintados por los campesinos. Al regresar a París, revelar los negativos y proyectar las imágenes en forma de diapositivas, lo que se ve no son los cuadros fotografiados: “… miré sin comprender, yo había apretado el botón y el muchacho estaba ahí en segundo plano clarísimo, una cara ancha y lisa como llena de incrédula sorpresa mientras su cuerpo se vencía hacia adelante, el agujero nítido en mitad de la frente, la pistola del oficial marcando todavía la trayectoria de la bala, los otros a los lados con las metralletas, un fondo confuso de casas y de árboles. (…) Tampoco mi mano obedecía cuando apretó el botón y fue un salitral interminable a mediodía con dos o tres cobertizos de chapas herrumbradas, gente amontonada a la izquierda mirando los cuerpos tendidos boca arriba, sus brazos abiertos contra un cielo desnudo y gris; había que fijarse mucho para distinguir en el fondo al grupo uniformado de espaldas y yéndose, el yip que esperaba en lo alto de una loma”. En uno y otro caso, el estremecimiento proviene no solo de los cuentos en sí, sino del hecho de que son una especie de profecía lúcida y siniestra de lo que sucedería en Latinoamérica en los años posteriores, concretamente de los miles de desaparecidos provocados por las dictaduras que empezaron a tomar ell poder en el continente a finales de los 70 y la represión militar posterior. He empezado mi comentario a la última película de Luca Guadagnino con la referencia a este libro de Cortázar porque la Suspiria original, la de Dario Argento, también es del año 1977 y también late en ella un presagio desasosegante y malsano de una ola de destrucción tras la aparente calma. Ese tono perturbador se ha transmitido (e intensificado) en la nueva versión de la historia, como si 2018 fuera un nuevo gozne hacia un mundo (si cabe) peor que el actual.






La primera cuestión que habría que decir respecto a la Suspiria de Guadagnino es que no es un remake al uso del Suspiria de Dario Argento (en realidad, el director afirma que, más que remake, es un homenaje). Aunque el punto de partida de la trama es el mismo (una bailarina estadounidense – Jessica Harper en la película original, Dakota Johnson en la actual– llega a Alemania para ingresar en una prestigiosa escuela y dicha escuela esconde terribles secretos en su interior), el desarrollo de la misma varía radical y sustancialmente respecto a su precedente. Así, desde el primer momento, interviene un psiquiatra, el doctor Josef Klemperer (identificado en los títulos de crédito como el actor Lutz Ebersdorf pero que se trata, en realidad, de una irreconocible Tilda Swinton, que hace un doble papel) al que acude una de las alumnas, perturbada por los acontecimientos que ha vivido en la escuela, que empezará investigar a fondo lo que allí sucede y del que sabremos que tiene una esposa desaparecida, elemento del argumento que acabará teniendo un gran peso en la historia. Por otro lado, aparte de cambiar el Friburgo original por el Berlín dividido de 1977, los acontecimientos de la época (en especial, el terrorismo palestino y la muerte en prisión de los integrantes de la Baader-Meinhof) y, en general, los hechos que marcaron la historia de Alemania en el siglo XX hasta el año en que transcurre la película (la llegada de los nazis al poder, la derrota en la II Guerra Mundial y la división posterior del país) dibujan un trasfondo potente que añade aún más sordidez a los acontecimientos de la escuela. Y, en tercer lugar, dichos acontecimientos encierran un horror mucho más profundo e intenso que el de la película original, siendo presentados los mismos con un estilo visual retorcido e inquietante que busca, deliberada y conscientemente, dejar mal sabor de boca al espectador, muy en la línea del cine de Dario Argento y de todo el giallo italiano en general, reforzando en este caso por el desenlace pesimista de la historia.






Suspiria es un film que elude (como su antecedente) una presentación lineal y estrictamente lógica de los hechos y concede más peso a articular con saña los elementos necesarios para crear un ambiente turbador y marcado por un hondo surrealismo, por lo que es una película absolutamente “atmósferica”, sin que el poder hallar un significado o una interpretación precisos y nítidos sea el objetivo básico de su estructura narrativa (algo que, por lo demás, es cada vez más habitual en el cine actual, algo que comenté cuando hice la reseña de Quién te cantará de Carlos Vermut) sino el transmitir al espectador un espíritu de zozobra y de desolación que, como en los cuentos de Cortázar, nos inquietan porque no solo parecen anunciarnos que, muy cerca de nosotros, se esconde agazapada la mayor de las amenazas sino porque nos avisa al mismo tiempo de que estamos completamente indefensos ante ella. Es decir, Suspiria de Luca Guadagnino viene a expresar, arañando nuestros ojos y nuestras mentes, el “horror cósmico” del que hablaba Lovecraft y que va mucho más allá de los tradicionales mecanismos del género al sumergirnos en el océano de los miedos que no pueden encontrar ningún tipo de solución posible.


TRÁILER DE LA PELÍCULA:




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