POST DEL 30-11-2015: ANDREI TARKOVSKI O LA TRASCENDENCIA IGNORADA (y IV)


Ante la acumulación de problemas de Tarkovski con el gobierno soviético y sus dificultades con El espejo y Stalker, sus opciones pasaban ya bien por renunciar a su forma de hace cine o incluso por abandonar la profesión o bien por huir de la URSS para poder grabar en libertad y sin cortapisas. Tarkovski eligió esta última. Pero no antes de tener que sufrir nuevas acciones represivas por parte de las autoridades soviéticas.

En el verano de 1979, Tarkovski viajó a Italia para preparar un guión junto a Tonino Guerra (https://es.wikipedia.org/wiki/Tonino_Guerra), amigo y guionista de directores tan importantes como Michelangelo Antonioni, Federico Fellini, Vittorio de Sica, Mario Monicelli, Elio Petri, Francesco Rosi o Theo Angelopoulos. Además del documental Tempo di viaggio (1983), codirigido por Tarkovski y Guerra, en el que se muestra el encuentro del director ruso con Italia y las conversaciones entre él y el guionista italiano de cara a crear su nuevo proyecto cinematográfico, en ese viaje se empezó a escribir el guion de la siguiente película de Tarkovski, Nostalgia (1983). (De hecho, en un momento del documental, se puede ver la carpeta que contiene el guión, con el título de la futura película escrito sobre ella).




Fotogramas de Tempo di viaggio



Tarkovski volvió a Italia en 1980 para terminar el guión y en 1982 para iniciar el rodaje de la película. Una vez en Italia, la compañía soviética Mosfilm, que era una de las coproductoras del proyecto junto a la RAI italiana y la compañía francesa Gaumont, lo abandonó. Tarkovski tuvo que realizarlo sólo con los recursos aportados por las otras dos productoras, debiendo prescindir de la idea de rodar parte de las escenas en Rusia. Cuando la película acudió al Festival de Cannes de 1983, ganó el Premio del Jurado Ecuménico, el premio al mejor director de la FIPRESCI (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica) y compartió con Robert Bresson el Gran Premio al cine de creación. Sin embargo, las autoridades soviéticas presionaron (como habían hecho en anteriores ocasiones) para que la película no ganara  la Palma de Oro del Festival. Ello impulsó a Tarkovski a tomar la decisión definitiva de abandonar la URSS, huyendo a Suecia con su segunda esposa.




Nostalgia, posiblemente al estar rodada fuera de la URSS, despliega con mucha mayor claridad y sin ningún tipo de ambigüedad ni de utilización de símbolos o metáforas, el tema de la espiritualidad. Su argumento trata de un poeta ruso que viaja a Italia para investigar la vida del músico Pavel Sosnovsky, que vivió en ese país y se suicidó al regresar a Rusia. Ayudado por una intérprete con la que está empezando a vivir una incipiente relación sentimental, en un balneario conoce a un personaje extraño, Domenico (interpretado por Erland Josephson, habitual de las películas de Ingmar Bergman), una especie de profeta que quiere imbuir la fe a sus coetáneos. Como líneas maestras del argumento, aparece el exilio interior (que trasciende el mero exilio territorial), la necesidad de recuperar la espiritualidad como vía del ser humano para reencontrarse a sí mismo, de no rechazar el amor (que va adquiriendo en el cine de Tarkovski una carácter casi panteísta), de estar dispuesto a hacer un sacrificio personal para salvar a los seres humanos (algo de lo que hablamos en el primer post en relación a las ideas de Pecherin y su visión de que Rusia debía estar dispuesta a inmolarse para salvar al Occidente cristiano, aunque en el cine de Tarkovski esa visión se amplía de modo claramente ostensible, ya que no se trata de Rusia sino de la potencialidad que encierra cada ser humano para salvar a sus semejantes) y, en última instancia, de la relevancia de tal empeño a pesar de la indiferencia de quienes no están dispuestos a comprenderlo… Al igual que en El espejo, aparecen en esta película elementos oníricos que muestran el grado de desolación interior del protagonista. Aunque Nostalgia no sea la película más conocida de Tarkovski, posiblemente sea la que exprese con mayor transparencia su ideario y proporciona muchas pistas para entender el resto de su cine.



Fotograma de Nostalgia


Una vez en Suecia, Tarkovski tiene la suerte que Svenska Filminstitutet, la productora de Ingmar Bergman, decida acoger su siguiente proyecto, de modo que puede contar con el equipo habitual del director sueco (por ejemplo, los actores Erland Josephson o Allan Edwall y el director de fotografía Sven Nykvist). La película resultante, Sacrificio (1986), resultó ser su testamento filosófico y cinematográfico, ya que Tarkovski murió de cáncer de pulmón el 29 de diciembre de 1986. La película ganó el Gran Premio Especial del Jurado y, como Nostalgia, el Premio del Jurado Ecuménico y el premio de la FIPRESCI.





Sacrificio ofrece, posiblemente, la visión más depurada del pensamiento de Tarkovski. Narra cómo, ante la cercanía de un posible holocausto nuclear, al protagonista (Alexander) se le plantea la posibilidad de evitarlo de una forma sencilla: amando a una mujer. Alexander no cree que ello sea posible, lo ve como una especie de locura. Cuando él accede y, efectivamente, el mundo se salva de la catástrofe, todos creen que ha perdido la razón. En Sacrificio está presente el reconocimiento de la capacidad interior que alberga todo ser humano para cambiar el mundo, el pensamiento pacifista que ya afloró en La infancia de Iván, la necesidad de la inmolación de una persona para salvar al resto y la visión de la espiritualidad como una insensatez por parte de quienes se cierran a comprenderla.

A pesar de esa visión que se tiene del cine de Tarkovski como un cine cerrado e inaccesible, creo que lo que quiere expresar es bastante más sencillo de lo que podría imaginarse tras una primera visión de sus películas. De hecho, creo que su voluntad fue la de expresarlo de la forma más transparente y cristalina posible y ello, en Nostalgia y Sacrificio, sin las limitaciones a las que obligaba la censura soviética, lo consiguió plenamente. Tarkovski nos habló de una trascendencia espiritual que estaría en nosotros mismos y que ignoramos, rendidos bajo el dominio del pensamiento racionalista. Si no somos capaces de encontrarla en nuestro interior, la belleza del mundo sería testigo suficiente para creer en ella. Sólo la acción de los hombres, a través del odio, la violencia y la represión de la libertad, afean y oscurecen ese mundo. Esa espiritualidad nos abre la puerta a hacer milagros que no se hacen por culpa de nuestra propia incredulidad. La incomprensión de su cine no sería más que la confirmación de que Tarkovski llevaba razón: que el ser humano contemporáneo ha optado por ignorar una trascendencia en la que ya no es capaz de creer.



Fotograma de Sacrificio



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