POST DEL 24-8-2015 - EL PADRINO Y LA GUERRA DE LAS GALAXIAS: TRILOGÍAS PARALELAS




Para cualquier espectador de cine, las trilogías de El Padrino de Francis Ford Coppola y La guerra de las galaxias de George Lucas pueden tener escasos puntos en común. En el primer caso, se trataría de de una película sobre la mafia. En el segundo, de una película de ciencia-ficción. El Padrino, a pesar de ser una superproducción made in Hollywood, es considerada como un prodigio artístico y filosófico. La guerra de las galaxias es vista, en la mayoría de las ocasiones, más como un puro divertimento que como una obra que encierre sesudas reflexiones. Si analizamos los orígenes de cada trilogía, tampoco percibiremos demasiados contactos entre ellas.





El padrino nació como novela de la pluma del escritor estadounidense, hijo de padres italianos, Mario Puzo (1920-1999). Fue publicada en 1969 y representó la salvación económica para su autor que estaba al borde la bancarrota a pesar de haber publicado previamente dos novelas (La arena sucia – 1955- y El peregrino afortunado – 1965-) que contaron con el beneplácito de la crítica aunque no con un favor similar por parte del público. Al convertirse la novela en un best seller inmediato, vendiendo más de diez millones de ejemplares, atrajo la atención de la Paramount, que compró los derechos para adaptarla al cine.  Atendiendo a los orígenes del autor y las características del argumento, el director al que le encargaron al proyecto fue al también italo-americano Francis Ford Coppola (n. 1939). Hasta ese momento, Coppola sólo había dirigido una película de terror producida por la factoría de Roger Corman (Dementia 13 - 1963-), una comedia (Ya eres un gran chico – 1966-) y dos musicales (El valle del arco iris – 1968- y Llueve sobre mi corazón – 1969-). En un primer momento, fue bastante reticente a aceptar el encargo ya que consideraba que la novela no se ajustaba a los temas que le interesaban. Sin embargo, poco a poco fue haciendo suya la novela llevándola a su propio terreno. De hecho, si se compara la estructura de la novela con la de película se pueden apreciar sustanciales diferencias: así, la película, por ejemplo, elimina la mayor parte de las tramas secundarias; gana protagonismo Michael Corleone frente a su padre, Vito Corleone; gana peso el elemento psicológico frente al sociológico; y un matiz muy importante: si las relaciones paterno-filiales son vistas en la novela principalmente desde la perspectiva del patriarca, en la película se contemplan desde las respectivas perspectivas de los hijos, por lo que las relaciones conflictivas entre los hermanos adquieren un papel principal del que carecen en la novela.





La guerra de las galaxias, a pesar de su apariencia, está más cerca del género de la  fantasía heroica que del de la ciencia-ficción. Su mundo está más próximo a las creaciones de J. R. R. Tolkien y de George R. R. Martin que a las de H. G. Wells, Aldous Huxley, Isaac Asimov u Orson Scott Card. Al igual que El señor de los anillos o Canción de hielo y fuego, La guerra de las galaxias crea geografías originarias que prescinde de cualquier atisbo de realidad y hasta de las leyes de la física (¿han observado que, con independencia del planeta donde se desarrolle la acción y de las dimensiones del mismo, el nivel de la fuerza de la gravedad nunca varía - algo científicamente imposible-?). De hecho, para construir la historia George Lucas (n. 1944) se basó en el pensamiento del filósofo, historiador y antropólogo Joseph Campbell quien en sus libros, El héroe de las mil caras: psicoanálisis del mito (1949), Las máscaras de Dios (1968) y El vuelo del ganso salvaje (1968) estudió los arquetipos universales existentes en los mitos y leyendas de todos los tiempos y los puntos comunes de todos los héroes que aparecían en ellos. Como muchos héroes de sagas legendarias, Luke Skywalker tendrá que descubrir sus verdaderos orígenes, tendrá que pasar por duras y difíciles pruebas, pasará por un proceso que le hará adquirir auténtica pureza, tendrá que renacer después de una traumática experiencia y vencerá al Mal debiendo sacrificar sus propios intereses y expectativas.

Hasta aquí, las diferencias entre ambas series parecen abismales. Sin embargo, ambas nacen de un conjunto de elementos que, con mayor o menor sutileza, están presentes en todas las películas: el auge de la contracultura en Estados Unidos a finales de los años 60, la existencia de una fuerte tensión social y política con la lucha por los derechos civiles de la minoría negra, los asesinatos de John Fitzgerald Kennedy, de Robert Kennedy y de Martin Luther King y la guerra de Vietnam como telón de fondo y la crisis de los géneros tradicionales en el cine de Hollywood.

Empezando por esto último, en los años 70 se produce una reinvención de las fórmulas tradicionales, dejando a un lado los modelos vigentes en décadas anteriores e incorporándose al mundo de la dirección una serie de jóvenes realizadores que habían bebido de influencias muy poderosas del cine europeo y japonés, las cuales revitalizaron el cine estadounidense y lo dotaron de un renovado estilo visual y narrativo.

Así, por ejemplo, el argumento original de La guerra de las galaxias (1977) está inspirado, directamente, del film La fortaleza escondida (1958) de Akira Kurosawa. En el caso de El Padrino, su trama está fuertemente influenciada por Rocco y sus hermanos (1960) de Luchino Visconti, sobre todo en su reflejo de las diferencias de carácter y de las tensiones entre los distintos hermanos de una familia. Esta influencia llega al aspecto musical al ser Nino Rota el autor de la banda sonora de ambas obras así como al aspecto narrativo a través de algunas escenas de las respectivas películas que guardan un evidente paralelismo.



Fotograma de Rocco y sus hermanos: al principio de la película, hay una fiesta de compromiso.


Fotograma de El Padrino: la película empieza con la celebración de una boda.


Fotograma de Rocco y sus hermanos: los hermanos juntos, alrededor de una mesa.


Fotograma de El Padrino: los hermanos juntos, alrededor de una mesa.

Hay otra influencia visual muy importante en el caso de El Padrino que es la de Iván el Terrible (1945) de Sergei M. Eisenstein. Esta película, que también es la historia de un proceso de consecución del poder absoluto, muestra la evolución del rostro del protagonista como reflejo de su propia degeneración moral.




En El Padrino se utiliza una estrategia similar. Incluso, cabe decir que en la segunda trilogía de La guerra de las galaxias se inspira también en ella para mostrar el proceso de conversión de Anakin Skywalker en Darth Vader.




Esta influencia del cine europeo llega hasta un homenaje visual evidente en El Padrino a Ocho y medio (1963) de Federico Fellini como pueden ver en la similitud entre estos dos fotogramas:



Fotograma de El Padrino



Fotograma de Ocho y medio

Pero, más allá de estas referencias cinematográficas, el elemento más importante a destacar es el mensaje común que ambas series encierran y que está relacionada con las circunstancias históricas en que ambas obras nacieron. Ese mensaje común tiene que ver con la quiebra del ideal con el que Estados Unidos nació y lo que hacen, tanto El Padrino como La guerra de las galaxias es retratar y denunciar esa quiebra. Ambas obras son dos caras de una misma moneda y la moneda es, en ambos casos, la corrupción del sistema y la perversión de los ideales bajo los que el mismo nació. El Padrino, al final, no es la historia de un jefe de la mafia, es la historia de cómo los hombres poderosos se mueven en la realidad aunque, en teoría, las reglas del juego son otras muy diferentes. En la primera parte, ello queda claro en la esclarecedora conversación que Al Pacino tiene con Diane Keaton cuando el primero ha regresado de Sicilia. En la segunda parte, la subtrama del senador corrupto es suficientemente ilustrativa para redondear la aseveración.



Una conversación clave para entender toda la trilogía en la primera parte de El Padrino



La corrupción del senador Pat Geary: la corrupción de todo un sistema.


En el caso de La guerra de las galaxias, el mensaje, aunque parezca lo contrario, es aún más nítido y evidente. La trilogía formada por los episodios I, II y III (La amenaza fantasma – 1999-, El ataque de los clones – 2002-, La venganza de los Sith – 2005-) no es más que la descripción del proceso por el que una República se transforma en un Imperio y ello en virtud de un creciente proceso de militarización que va carcomiendo, poco a poco, la naturaleza original de las instituciones.




Por tanto, más allá de sus apariencias, tanto El Padrino como La guerra de las galaxias dan testimonio del estado de opinión de una generación que, siendo Francis Ford Coppola y George Lucas miembros de ella, se revolvió contra la deriva que denunciaban y que, en gran medida, no vieron saldados con éxito sus propósitos. Ello explica, en gran medida, el aire melancólico que envuelve a ambas historias y que no es más que el eco de un sueño que no se acabó convirtiendo en realidad: el de devolver a Estados Unidos a su esencia original, a sus fundamentos primigenios como nación.


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