17º FESTIVAL DE MÁLAGA - CINE ESPAÑOL - TERRITORIO LATINOAMERICANO (y III)



Hoy, última parada en la Sección Territorio Latinoamericano del 17º Festival de Málaga. Realizamos la reseña de La vida después. Mañana, comentaremos los premios de esta Sección junto a todo el resto del palmarés final.


LA VIDA DESPUÉS (o Caín y Abel hacen una road-movie)

TÍTULO: La vida después. TÍTULO ORIGINAL: La vida despuésAÑO: 2013. NACIONALIDAD: México. DIRECCIÓN: David Pablos. GUIÓN: David Pablos y Gabrela Vidal. MÚSICA ORIGINAL: Carlo Ayhllón. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: José de la Torre. MONTAJE: Miguel Salgado. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Rodrigo Azuela, Américo Hollander, María Renée Prudencio. PÁGINA WEB OFICIAL: https://www.facebook.com/pages/La-Vida-Despu%C3%A9s-The-life-after/216754325143924.

Las narraciones de los mitos consisten, en gran medida, en elegir qué zonas quedan en sombra. No sabemos, por ejemplo, qué hizo Ulises antes de ir a la guerra de Troya y después de volver a Ítaca. Apenas sabemos nada sobre qué fue de Caín después de que asesinara a su hermano. Por ello, la construcción de mitos se basa en iluminar sólo las partes de la historia que sirven para explicarnos a nosotros mismos y a los demás, en centrar la atención en aquellos avatares que son verdaderamente releventes para descubrir la auténtica condición humana. Realizo esta reflexión tras haber visto la película mexicana La vida después, dirigida por David Pablos. Porque, en gran medida, Rodrigo y Samuel vienen a ser unos Caín y Abel contemporáneos que buscan no se sabe si a su madre o a ellos mismos y su destino por las carreteras de México.

La narración de La vida después se basa en el minimalismo: las palabras, las escenas y las imágenes justas. Porque, más allá de hablar de las vivencias de dos personas concretas, de la rivalidad entre dos hermanos que viven en un lugar y un momento determinados, la historia remite a su condición mítica (la búsqueda de la madre, el viaje iniciático) y a la necesidad de que cada espectador encuentre en la trama ecos de su propia vida y de sus propios recuerdos.







Los distintos momentos que jalonan el viaje de los dos hermanos nos hacen pensar que esta película puede hablar sobre las diferencias existentes en toda familia, sobre el proceso de liberación que tenemos que afrontar cada uno de nosotros para encontrar su propio camino o, sutilmente, de la condición de México y sus tensiones internas. La gran virtud de La vida después es que su concisa narración hace imprescindible la cooperación del espectador para hallar la clave de la historia. Y, en gran medida, cada espectador tendrá su propia clave personal, su propia visión de una ruta hacia alguna parte o hacia ninguna.

Sobriamente interpretada por su trío protagonista (la actriz María Renée Prudencio y los jóvenes Américo Hollander y Rodrigo Azuela), la película nos descubre en España el talento del director David Pablos, que demuestra una gran sensibilidad para captar los detalles esenciales de la historia, para iluminar los matices de sus personajes y acabar mostrándonos cómo el camino de la libertad, en ocasiones, hay que tomarlo en soledad y sin compañía.


Nota (de 1 a 10): 7.

Lo que más me gustó: La sensibilidad con que está realizada. Su dura concisión sin necesidad de subrayados.

Lo que menos me gustó: No es asequible a cualquier tipo de espectador.



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