A PROPÓSITO DE LLEWYN DAVIS (o nunca un antihéroe tendrá su Ítaca)



TÍTULO: A propósito de Llewyn Davis. TÍTULO ORIGINAL: Inside Llewyn Davis. AÑO: 2013. NACIONALIDAD: Estados Unidos-Francia. DIRECCIÓN Y GUIÓN: Joel Coen y Ethan Coen. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Bruno Delbonnel. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Garrett Hedlund, Justin Timberlake, Ethan Philips, Robin Bartlett, Max Casella, Jerry Grayson, Jeanine Serralles, Adam Driver, Stark Sands, Alex Karpovsky, Helen Hong, Bradley Mott, Michael Rosner, Bonnie Rose, Jack O’Connell, Ricardo Cordero, Sylvia Kauders, Ian Jarvis. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.insidellewyndavis.com/intl/es/splash.

Ya tuvimos ocasión de comentar la obra de los hermanos Coen cuando se estrenó Valor de ley (http://cineartemagazine.blogspot.com.es/2011/03/valor-de-ley-o-los-tipos-duros-no.html) y, aunque A propósito de Llewyn Davis puede parecer una película muy distinta, en realidad tiene un fuerte nexo de unión con el resto de películas de estos realizadores. El cine de los Coen es el cine de la desconstrucción, es decir, consiste en atrapar las reglas de cualquier género y seguirlas, aparentemente, a rajatabla para acabarlas destruyendo y crear algo que es bastante diferente a aquello que, originalmente, lo inspiró. A propósito de Llewyn Davis sólo se puede entender cabalmente si tenemos en cuenta cuál es su reverso. Consideremos la típica película cuyo protagonista acaba siendo el triunfador absoluto de la historia. Elijamos, por ejemplo, Karate Kid (John G. Avildsen, 1984) y veamos su última escena:





Está claro que el desenlace no ofrece dudas. Después de muchas dificultades, después de estar al borde de la derrota, Ralph Macchio logra la victoria en el campeonato superando a sus correosos rivales, poco escrupulosos, además, con las reglas básicas del juego limpio. Su madre y su novia lo abrazan exultantes. Vemos, también, cómo su mentor (Pat Morita), quien lo ha guiado y lo ha conducido por el buen camino, sonríe satisfecho, consciente de que ha sabido cumplir con su obligación. Y como broche final, la música contundente de Bill Conti subrayando la grandiosidad del momento. Todo acaba bien.

Ya que A propósito de Llewyn Davis va de un músico folk, podemos tener en cuenta otras referencias de películas estadounidenses que también narran la vida de músicos de éxito, mostrando sus claroscuros (es decir, el triunfalismo no es tan taxativo como en el primer caso que hemos comentado, aunque la valía artística de todos ellos es absolutamente indiscutible y reconocida): 

Rapsodia en azul (1945) de Irving Rapper, que se centra en la biografía del compositor George Gershwin;



Noche y día (1946) de Michael Curtiz, que nos narra cómo fue la vida de Cole Porter;



Música y lagrimas (1954) de Anthony Mann, donde el músico elegido es Glenn Miller;  




 o Esta tierra es mi tierra (1976), en la que el biografiado era Woody Guthrie.





Aunque las trayectorias de todos estos artistas tienen sus luces y sus sombras, es evidente que su legado ha trascendido a las generaciones posteriores y sus nombres son referencias indiscutibles en el legado musical procedente de Estados Unidos. Pero, ¿qué sucede con los que no triunfan?¿Qué sucede con aquellos artistas que permanecen en el más absoluto anonimato aunque su obra pueda ser valiosa? A propósito de Llewyn Davis se sitúa en esa áspera antesala donde se quedan quienes esperan obtener el éxito y, al final, sólo se encuentran con una larga carrera a cuestas que les ha proporcionado escasas satisfacciones y un sinfín de amarguras y sinsabores.




Llewyn Davis es un músico folk que intenta triunfar en el bohemio ambiente del Greenwich Village neoyorquino de los años 60. A la vez que la película de los hermanos Coen desmitifica el aura que suele envolver a ese barrio de la ciudad de los rascacielos, nos va desvelando las miserias y dificultades por las que pasan la carrera y la vida del protagonista, que va sin rumbo ni destino mientras que tanto su vida personal como profesional se va deshaciendo sin remisión. Mientras que, en las películas que hemos citado al principio, somos testigos de cómo se va consolidando la obra de los artistas protagonistas, aquí sólo contemplaremos cómo el personaje de Llewyn Davis se va, poco a poco, deslavazando hasta que sus últimas esperanzas se desvanecen.


La película está realizada muy inteligentemente, de modo que hay una serie de elementos que refuerzan la idea central de la trama. Así, la estructura narrativa constituye un bucle del que no sabremos decir al final si alberga un flash-back oculto o es la muestra del círculo vicioso en el que el músico se encuentra. Al mismo tiempo, es muy hábil el leit-motiv del gato como contrapunto del carácter del protagonista: mientras que hasta el animal tienen un hogar al que volver y unos dueños que se preocupan por él, Llewyn Davis ni tiene hogar ni tiene familia ni tiene pareja ni tiene amigos ni tiene mentor ni tiene una carrera profesional a la que aferrarse. (A la vez, el nombre del gato esconde una de las claves fundamentales del film). Para concluir, hay que destacar el elemento irónico final, al no llegar a ver el protagonista la actuación que marcará un antes y un después en el género folk: tan ajeno está ya a cualquier posibilidad de éxito, que ni tan siquiera es capaz de estar cerca del éxito potencial de otros.


Aunque la película también se beneficia de una magnífica interpretación de Oscar Isaac, probablemente su gran problema es que la realización, a pesar de que tiene el brillo habitual de las películas de los Coen, es un tanto fría y distanciada, por lo que a muchos espectadores les costará enormemente conectar con el film. Magníficamente rodada (con una fotografía que logra transmitir muy bien la sensación de film de época) y con un reparto que actúa a muy buen nivel, a A propósito de Llewyn Davis le falta posiblemente algún peldaño para convertirse en una obra maestra redonda, aunque, como cualquier película de los Coen, su interés es indudable.


Nota (de 1 a 10): 7,5.

Lo que más me gustó: La interpretación de Oscar Isaac. El leit-motiv del gato. Su estructura narrativa. 

Lo que menos me gustó: Excesivamente fría y distanciada.



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