CORIOLANUS y BESTIAS DEL SUR SALVAJE


CORIOLANUS (o todo cambia pero siempre es lo mismo)

TÍTULO: Coriolanus. TÍTULO ORIGINAL: Coriolanus. AÑO: 2011. NACIONALIDAD: Reino Unido. DIRECCIÓN: Ralph FiennesGUIÓN: John Logan, adaptando la tragedia homónima de William Shakespeare. MÚSICA ORIGINAL: Ilan Eshkeri. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Ralph Fiennes, Gerard Butler, Brian Cox, John Kani, Dragan Micanovic, Jessica Chastain, Vanessa Redgrave, James Nesbitt. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.coriolanusmovie.co.uk/.

Cayo Marcio Coriolano fue un general romano que vivió en el siglo V a. de C. Gracias a su triunfo frente a los volscos, fue nombrado cónsul por el Senado. Sin embargo, se ganó pronto la impopularidad del pueblo y fue destituido. Sobre esta historia (y sobre cómo se desarrolló, cuestión de la que no hablaremos para no desvelar lo más importante de la trama), William Shakespeare escribió una tragedia en torno a 1607 y es la misma la que es adaptada en esta película, la cual ha sido dirigida por el actor Ralph Fiennes (conocido, entre otros, por films como La lista de Schindler -1993-, El paciente inglés -1996-, El jardinero fiel -2005-, The Reader -2008- y la reciente Skyfall -2012). 

Como sucedía en César debe morir (que, hace poco, comentamos: http://cineartemagazine.blogspot.com.es/2012/12/cesar-debe-morir-y-holy-motors.html), -y como viene siendo habitual en muchas adaptaciones shakespearianas-, se realiza una traslación del tiempo histórico en el que tiene lugar la historia. En la primera escena que vemos, hay un guerrero afilando la punta de un puñal. Hasta ahí, todo normal. La cámara empieza a moverse y observamos, de repente, que el personaje tiene tatuada una imagen de la Virgen en su brazo derecho. Esto ya es un primer elemento disonante. El movimiento de la cámara continúa y, de repente, vemos las imágenes de un conflicto bélico en un televisor. Y, de repente, nos damos cuenta que nos encontramos en plena Guerra de los Balcanes. De la antigua Roma a la recién desintegrada Yugoslavia... Todo es distinto pero, en el fondo, todo es igual.






Lo más sorprendente de Coriolanus es que el texto original apenas ha sufrido modificaciones. Se mantiene su literalidad y, sobre todo, su cadencia y su estilo. Sin embargo, nada chirría. El conflicto que latía en la tragedia original se mantiene incólume en medio de querellas políticas e interétnicas propias del siglo XX. Y ello es posible porque Coriolanus lleva a cabo un ejercicio que consiste en abrir en canal la naturaleza profunda de la política (naturaleza que se revela cuando los pilares esenciales de la civilización se tambalean) y, sobre todo, de las contradicciones que asoman amenazantes cuando hay que conciliar la voluntad y deseos de la ciudadanía con un grado aceptable de meritocracia y con los mecanismos siempre presentes en toda lucha por el poder. Frente a la dificultad para hacer convivir elementos prácticamente incompatibles entre sí, las únicas alternativas que parecen emerger del caos son la demagogia o el autoritarismo y, por ello, Coriolanus nos provoca una honda desazón en la medida en que nos llegamos a preguntar hasta qué punto lo que nos muestra la película es el abismo al que se asoman nuestras propias sociedades.

A pesar de tratarse de la primera película que dirige Ralph Fiennes, Coriolanus consigue recrear con gran brillantez el clima áspero y violento en el que se desarrolla la historia así como transmitir con contundencia la enorme tensión que recorre toda la trama. En el plano interpretativo, están magníficos Gerard Butler, Brian Cox, Vanessa Redgrave, Jessica Chastain y James Nesbitt y la única pega es que, en determinados momentos, Ralph Fiennes tiende a sobreactuar (posiblemente, porque no es fácil dirigirse a uno mismo y resulta harto complicado corregir tus propios errores).

En definitiva, Coriolanus resulta ser una película fascinante que, aunque su estreno se ha visto ahogado por los de las grandes candidatas a los Oscar, brilla a gran altura y seguro que acaba siendo uno de los títulos mejor valorados de este año 2013.


Nota (de 1 a 10): 8.

Lo que más me gustó: El texto shakespeariano se ajusta como un guante a un momento histórico completamente distinto para el que fue ideado.

Lo que menos me gustó: Ralph Fiennes, en determinados momentos, tiende a sobreactuar.

  

BESTIAS DEL SUR SALVAJE (o cuando un dique no es sólo un dique sino una frontera entre dos mundos irreconciliables)

TÍTULO: Bestias del sur salvaje. TÍTULO ORIGINAL: Beasts of the Southern Wild. AÑO: 2012. NACIONALIDAD: Estados Unidos. DIRECCIÓN: Benh ZeitlinGUIÓN: Lucy Alibar y Benh Zeitlin, adaptando una obra teatral de Lucy Alibar. MÚSICA ORIGINAL: Dan Romer y Benh Zeitlin. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Quvenzhané Wallis, Dwight Henry, Levy Easterly, Lowell Landes, Pamela Harper, Gina Montana, Amber Henry, Jonshel Alexander, Nicholas Clark, Joseph Brown, Henry D. Coleman. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.beastsofthesouthernwild.com/.

En anteriores entradas, cuando hablamos de La noche más oscura (http://cineartemagazine.blogspot.com.es/2013/01/la-noche-mas-oscura-o-centauros-en-el.html), Lincoln (http://cineartemagazine.blogspot.com.es/2013/01/lincoln-o-la-politica-es-la.html) o Argo (http://cineartemagazine.blogspot.com.es/2013/01/argo-o-todo-es-mentira.html), comentamos que en estas películas aparecían algunos de los grandes temas del cine, la narrativa y la cultura estadounidenses. Ello también ocurre en Bestias del sur salvaje. Posiblemente, lo que ocurre es que en épocas de crisis e incertidumbre como las que estamos viviendo, existe la tendencia, guste o no, de volver a las raíces y explorar el pasado bien para encontrar las causas de los males presentes bien para renovar ilusiones y energías (en España, p. ej., con la derrota frente a Estados Unidos en la Guerra de Cuba, la generación del 98 se empeñó con esmero en rastrear nuestra historia para discernir los motivos de nuestra decadencia: http://es.wikipedia.org/wiki/Generacion_del_98).






La referencia más concreta para entender Bestias del sur salvaje sería una obra mítica: Walden de Henry David Thoreau (http://es.wikipedia.org/wiki/Walden), ensayo en el que el autor alaba la vida en solitario en el bosque y el autocultivo de los alimentos necesarios para subsistir. Libro que muchos consideran el primer antecedente del movimiento ecologista, es, en realidad, la expresión de uno de los impulsos originales de la democracia estadounidense (algunas de las ideas de Thomas Jefferson giran en torno a este aspecto): el sueño de la autosuficiencia de cada persona como corolario del reconocimiento constitucional de la libertad individual. Y, para conseguir dicha autosuficiencia, el único medio posible es que cada individuo se dedique a la agricultura y disponga de una explotación con dimensiones suficientes para proporcionar sustento a toda su familia. Este ideal, en principio asumible en un país con amplios territorios por colonizar, fue cediendo ante la realidad de una sociedad que necesitaba del desarrollo de la industria para conseguir mayores niveles de riqueza y prosperidad. Sin embargo, el hecho de que este proyecto llegara a ser irrealizable no quiere decir que no quedara arraigado en la mentalidad norteamericana como una utopía deseable. Sólo hay que reparar en los relatos sobre caza y pesca de Hemingway (p. ej., El gran río de dos corazoneshttp://ntc-narrativa.blogspot.com.ar/2009/05/el-gran-rio-two-hearted-por-ernest.html) o el film Hacia rutas salvajes (dirigido por Sean Penn en 2007) para darse cuenta de ello. Es de este espíritu del que bebe Bestias del sur salvaje.




La película se desarrolla en el seno de una comunidad bayou de Louisiana. Un bayou es una zona de marisma que abunda al sur de dicho estado (http://es.wikipedia.org/wiki/Bayou). Tratándose de un lugar poco salubre y susceptible, además, de inundarse con facilidad, allí sólo habita una población dispersa que vive, fundamentalmente, de la pesca y de lo que puedan obtener de sus pequeñas granjas. En una de las comunidades ubicadas en dicho entorno, viven una niña lista y espabilada llamada Hushpuppy y su padre. Al inicio de la película, vamos conociendo sus precarias condiciones de vida y dos elementos que adquieren gran valor simbólico dentro de la historia: el dique que los separa de las zonas urbanas e industriales y las fantasías que surgen de la mente de la chiquilla a partir de unas reflexiones que oye sobre el posible deshielo de los polos. Y, conforme la trama va avanzando, iremos descubriendo que la película tiene varios niveles que se relacionan entre sí a través de un ideal utópico como el que hemos descrito con anterioridad al hablar de Walden. Porque el mundo que retrata Bestias del sur salvaje, a pesar de que se describe en todo su primitivismo, viene a ser una especie de infancia de la civilización (con la que la infancia de la protagonista no hace sino trazar un claro paralelo) y, como toda infancia, a pesar de todas las contrariedades y de todos los miedos que la pueblan (simbolizados en los uros prehistóricos), existe una limpia sensación de que la vida está por escribir y todo es posible. Por ello, todos los habitantes de la comunidad se aferran a continuar viviendo, pese a todo, en el mismo lugar. Porque, quizás, en él todavía existe una pureza que en ningún otro sitio van a encontrar. Quizás, únicamente en el mítico Walden de Thoreau.

Impecablemente realizada a través de una dirección sobria y contenida, la película cuenta con las sorpresas de una magnífica banda sonora (compuesta al alimón por el propio director y, en su primer trabajo importante, por el joven compositor Dan Romer) y, sobre todo, con el magnífico trabajo interpretativo de Quvenzhané Wallis en el papel de Hushpuppy (justamente nominada al Oscar).

Aunque Bestias del sur salvaje no se trata de una película pensada para un triunfo masivo de público, cabe decir que brilla al mismo (o, incluso, superior nivel) que muchas de las favoritas por lo que es recomendable para aquellos que quieran vivir una experiencia cinematográfica diferente e insólita.


Nota (de 1 a 10): 8,5.

Lo que más me gustó: El trabajo de la niña protagonista. La audacia de la propuesta. La banda sonora.

Lo que menos me gustó: A veces, se recrea en exceso en la sordidez.



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