DJANGO DESENCADENADO (o la venganza no siempre es un plato que se sirve frío)


¿Conocen la teoría más curiosa que existe sobre qué contenía el misterioso maletín de Pulp Fiction? Al final de la reseña, se la explico.

TÍTULO: Django desencadenado. TÍTULO ORIGINAL: Django Unchained. AÑO: 2012. NACIONALIDAD: Estados Unidos. DIRECCIÓN Y GUIÓN: Quentin Tarantino. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Jamie Foxx, Cristoph Waltz, Leonardo DiCaprio, Kerry Washington, Samuel L. Jackson. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.sites.sonypicturesreleasing.es/sites/Django_Desencadenado/site/.

Por desgracia, en Europa nunca hemos podido ver (ni tan siquiera en DVD) el proyecto de Grindhouse tal como lo diseñaron originalmente sus creadores, Robert Rodriguez y Quentin Tarantino.  La idea era que los films que ambos dirigieron en 2007, Planet Terror y Death Proof, respectivamente, fueran proyectados uno después del otro y que se intercalaran falsos trailers de posibles películas del mismo estilo que las susodichas, es decir, cine de terror no ya de serie B sino, casi, de serie Z. El espíritu de Grindhouse era el de intentar reproducir lo más fielmente posible una sesión doble de violencia y terror casposos tal como eran las que tenían lugar en las salas que recibían el nombre, precisamente, de grindhouses, fenómeno que tuvo cierto auge en Estados Unidos entre finales de los 60 y mediados de los 90. En España, ambas películas se vieron por separado (la intención inicial sólo se llevó a la práctica en Estados Unidos y no sé si en algún país más) y sólo pudimos ver en salas uno de los tráilers, el de Machete (que en 2010 se convertiría en una película auténtica, dirigida, precisamente, por Robert Rodriguez).

He empezado diciendo que, por desgracia, no pudimos ver la idea original porque la misma nos da una de las claves esenciales de todo el cine de Quentin Tarantino: el mismo no apela a la realidad sino que sitúa en su centro a la emoción cinematográfica pura, invirtiendo los términos habituales de cualquier película. Cualquier director intenta hacer parecer real lo que está mostrando, cuidar hasta el más mínimo detalle para que el espectador, aunque esté viendo una trama de terror o ciencia-ficción, no dude en ningún momento de la autenticidad de lo que está contemplando. Y, a partir de esa base, es como pretende generar una emoción en la persona que ve su película. Tarantino actúa al revés. Cuando vemos una de sus películas, él intenta siempre distanciarse de la verdad, forzar al límite las situaciones y ubicarnos en un mundo que no es real (sabemos, p. ej., que Hitler no murió en un cine de París mientras veía El orgullo de la nación -film que, por supuesto, nunca se rodó-, pero eso es lo que ocurre en Malditos bastardos -2009- y nos da una pista del estilo del director). ¿En qué mundo nos ubica entonces? En el mundo del goce y disfrute de cualquier película, de un goce y disfrute previos a cualquier conocimiento de lo que es el cine, previos a cualquier prejuicio e idea preconcebida.  Por ello, siempre recurre a géneros que se consideran menores.

El cine de artes marciales y de acción (donde Tarantino siente una especial predilección por el chino John Woo), el blaixplotation (con títulos como Algodón en Harlem -1970- de Ossie Davis, Las noches rojas de Harlem -1971- y Shaft vuelve a Harlem -1972- de Gordon Parks, Shatf en África -1973- de John Guillermin, Coffy -1973- y Foxy Brown -1974- de Jack Hill), el spaghetti-western (con su incondicional admiración por Sergio Leone) o el "cine de coches" (p. ej.: Punto límite: cero -1971- de Richard C. Sarafian, La indecente Mary y Larry el loco -1974- de John Hough o Infierno en la carretera -1975- de Jonathan Kaplan) constituyen el granero que le sirve para alimentar sus proyectos.





Los mecanismos narrativos, los tópicos temáticos y la apariencia visual de su peculiar background cinéfilo se reproducen para recrear lo que cada uno de nosotros podía sentir cuando, no siendo aún adultos, nos sentábamos en una sala de cine con un paquete de palomitas, se apagaban las luces y empezábamos a ver una película, cualquier película, y disfrutábamos con ella. Por aquel entonces, no sabíamos quiénes eran ni Hitchcock ni Welles ni Ford ni Buñuel ni tan siquiera nos importaba. Lo sustancial era ver esas imágenes en acción y pasar un buen rato con ellas. Es esa emoción primigenia el punto de partida de todas las películas de Tarantino y sólo a partir del mismo es cuando, quizás, volvamos de nuevo al mundo real y a sus vicisitudes. Y es esta inversión de términos frente a lo que es la norma habitual de cualquier cineasta lo que da a su estilo ese carácter tan peculiar y excéntrico. En los extras del DVD de Reservoir Dogs (1992), Tarantino hace referencia a las críticas que Pauline Kael hace de las películas de Jean-Luc Godard. Concretamente, en relación a Banda aparte (1964), Kael dice: "Es como si un par de jóvenes franceses fanáticos del cine estuvieran en una cafetería y, de una novela policíaca americana banal, hicieran una película, no basada en la novela, sino en la poesía que han leído entre líneas". Con esa estética es con la que Tarantino afirma sentirse identificado y hay que decir que en su última película no se sale de la misma.

Como es conocido,  Django desencadenado encuentra su inspiración en el spaghetti-western, género del que Tarantino es un gran admirador y que ya le influyó de manera importante en Kill Bill Vol. 1 (2003) y Kill Bill Vol. 2 (2004). En concreto, la película que parece servir de referente mas cercano es Django (1966) de Sergio Corbucci, pero ello es engañoso porque este film es muy diferente al de Tarantino, siendo la principal mutación que, ahora, Django es un esclavo que se une a un cazarrecompensas para buscar a su esposa, a quien alejaron de él tras haber sido vendida a un plantador. En este vídeo, pueden ver el principio de la película original y, como comprobarán fácilmente si han visto ambos films, entre ellos no hay tantos puntos en común como pueda parecer:




Pero, además, no es sólo que Django desencadenado se aparte de su referente más obvio sino que toda la influencia del spaghetti-western se centra, básicamente, en el primer tercio del film, en el enfoque de la banda sonora (cuestión que trataremos con posterioridad) y en alguna secuencia aislada (como en aquella en la que Django es llevado a la mina). A partir del momento en que los dos protagonistas se lanzan a la búsqueda de Brunilda, la película va por otros derroteros y está más próxima al Michael Curtiz de Los comancheros (1961), al Richard Brooks de Los profesionales (1966) o al John Guillermin de El cóndor (1970). En la parte final, se vuelve a producir un nuevo giro y se sumerge en el estilo de Sam Peckinpah con su violencia desaforada y sus muertes en escorzo (comparen, p. ej., el primer tiroteo en la mansión con el tiroteo final de Grupo Salvaje -1969-). Por ello, como ya sucedía en Kill Bill, Tarantino opta por un atractivo batido estético pero cohesionado, en la parte central, con una factura clásica que puede desconcertar a los fans incondicionales del director.

De acuerdo con esa factura clásica, todas las interpretaciones tienen un altísimo nivel y buscan, al mismo tiempo, alejarse lo menos posible de la contención y la sobriedad. Estan magníficos tanto Christoph Waltz en su papel de cazarrecompensas y Jaimie Foxx como el esclavo que busca recuperar a su esposa. Pero no están menos brillantes Leonardo DiCaprio interpretando al malvado y retorcido propietario de la plantación y, sobre todo, Samuel L. Jackson en su papel de esclavo sumiso, servil y obediente.

Debo confesar que soy un incondicional de Tarantino y que Django desencadenado ha cumplido favorablemente buena parte de mis expectativas. Sin embargo, sí hay dos puntos del film que impiden que la misma acabe siendo una obra maestra redonda. En primer lugar, no acaba teniendo las dos-tres secuencias de gran poderío visual que siempre han existido en todas las películas del director y que acaban siendo icónicas (los gangsters con traje y corbata negros y camisas blancas en Reservoir Dogs, el baile entre Mia Wallace y Vincent Vega en Pulp Fiction, el duelo bajo la nieve entre La Novia y O-Ren Ishii en Kill Bill Vol. 1...). En segundo lugar, la banda sonora no es tan brillante ni contundente como en otras ocasiones. Aunque se menciona como elemento negativo que se incluyan canciones de rap, yo pienso que ello está en consonancia con el tratamiento musical que tenían las bandas sonoras de los spaghetti-westerns: Ennio Morricone ya introdujo en su día técnicas más propias del rock que de la tradicional música cinematográfica, empleando guitarras eléctricas y llamativos efectos de sonido. Lo que hace Tarantino es seguir esa línea incluyendo distintos tipos de música negra, estando ello ajustado a la propia condición del protagonista.

En resumen, opino que Django desencadenado es una gran película pero sin alcanzar el nivel de los títulos emblemáticos del director. De todas formas, no lo duden: merece la pena verla.


Nota (de 1 a 10): 8,5.

Lo que más me gustó: Todo el reparto. Que Tarantino nunca decepcione.

Lo que menos me gustó: Es menos de lo que hubiera podido llegar a ser.

 
Como lo prometido es deuda, les voy a explicar la teoría más curiosa que existe sobre cuál era el contenido del famoso maletín de Pulp Fiction. Debo su conocimiento a Jorge Esteban Blein, profesor de CineTécnica (http://www.cinetecnica.com/). Según la misma, lo que hay dentro del maletín es el alma de Marsellus Wallace. Así, el código para abrir el maletín es 666, que es el número del diablo. Asimismo, en una escena se ve cómo en la nuca de Marsellus Wallace se ve una tirita: se supone que es por ahí por donde le extrajeron el alma. Vean el siguiente enlace si quieren conocer más detalles: http://de10.com.mx/12297.html.



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