AMOR (o la cara oculta del romanticismo y algo más)




TÍTULO: Amor. TÍTULO ORIGINAL: Amour. AÑO: 2012. NACIONALIDAD: Francia-Alemania-Austria. DIRECCIÓN Y GUIÓN: Michael Haneke  INTÉRPRETES PRINCIPALES: Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva, Isabelle Huppert, Alexandre Tharaud, William Shimell, Ramón Agirre, Rita Blanco, Carole Franck, Dinara Drukarova. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.filmsdulosange.fr/en/film/9/amour-love.

El austríaco Michael Haneke, probablemente junto al director japonés recientemente fallecido Nagisa Oshima (http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/15/cultura/1358249403.html) y, con carácter más puntual, los italianos Pier Paolo Pasolini (en Saló o los 120 días de Sodoma -1975-) y Liliana Cavani (en Portero de noche -1974), es uno de los realizadores que ha indagado con más incisividad en el tema de la crueldad, el dolor y las relaciones humanas de sometimiento. Haneke, sin embargo, posee varios rasgos que lo diferencian del resto de directores citados. En primer lugar, utiliza el marco, aparentemente tranquilo y rutinario, de la vida cotidiana (de hecho, dicho marco acaba sirviendo de agudo contraste para reforzar la sensación de angustia que desprenden sus historias), En segundo lugar, en Haneke, el dolor y la desazón irrumpen de forma imprevista y, en la mayoría de las ocasiones, de manera casi suave. Pensemos, por ejemplo, en Caché (Oculto) -2005-. Todo comienza cuando una familia recibe una cinta de vídeo en la que aparece grabada, durante varios minutos, la entrada de su casa. Evidentemente, es algo inocuo pero, no por ello, deja de resultar inquietante. A partir de ahí, la trama inicia, poco a poco, una espiral de tensión que desembocará en un clímax brutal y en una revelación desoladora. La estructura de Amor no dista mucho de la que hemos resumido. Sólo que aquí el dolor aparece de manera mucho más sutil.






Todo comienza con un inexplicable silencio y, así, de repente, nos daremos cuenta de que la enfermedad ha hecho acto de presencia en la vida de la protagonista, interpretada por una soberbia Emanuelle Riva (que ya protagonizara en 1959 la famosa Hiroshima, mon amour de Alain Resnais, aunque haya algún crítico que no se acuerde de ello). Poco a poco, su marido (otro magnífico veterano: Jean-Louis Trintignant) tendrá que ir afrontando la pérdida de capacidades de su mujer y, así, por un lado, logrará sacar de sí mismo las fuerzas para ayudar y asistir a la mujer que ama y, por otro, empezará a ser consciente de algunos hechos que, si antes pasaban desapercibidos, ahora se convertirán en una amarga verdad. Porque, por debajo de la trama principal, Haneke lanza auténticos torpedos contra la realidad actual: la descomposición de la institución familiar, el abandono y soledad que acaban sufriendo nuestros mayores, nuestra incomprensión hacia sus inquietudes y preocupaciones, la falta de gratitud hacia quienes se han esforzado por transmitirnos su saber y sus conocimientos, la vacuidad que invade nuestras vidas... Todo ello, como es habitual en su estilo, contemplado a través de una mirada fría y objetiva que actúa, aunque de manera templada y circunspecta, como un estilete sin piedad que llega hasta el fondo del alma de los personajes y hasta los más profundos recovecos de la situación planteada.






Y ese estilete es aún más profundo y turbador si reparamos en dos de las secuencias clave: en la segunda y en la última. En la segunda secuencia de la película, contemplamos el patio de butacas de una sala de conciertos en la cual están sentados los protagonistas. El concierto comienza pero la cámara continúa enfocada hacia los asientos. Y, sólo entonces, reparamos que estamos ante un juego de espejos: la sala de butacas del cine se refleja en la sala de butacas que aparece en la pantalla. Es decir, el director intenta decirnos que lo que vamos a ver es nuestra propia imagen, nuestros propias dramas y contradicciones. Pero el círculo se cierra en la última secuencia, cuando vemos a Isabelle Huppert sola en casa de sus padres. En la quietud de un plano fijo, descubriremos que su destino ya lo hemos visto: es lo que hemos vivido durante los ciento veinte minutos anteriores, que se repetirá inexorablemente en la piel de esa mujer de aire desganado e indiferente. Pero, claro, la opinión del director no es sólo que también ella, como su padre, quizás acabe intentando atrapar torpemente su paz interior (una paz interior simbolizada en la imagen de una paloma traviesa), sino que nosotros mismos también lo haremos. Una paz interior que será esquiva y, finalmente, huidiza. Una paz, que según el veredicto de Haneke, no nos aguarda ya en ninguna parte.



Nota (de 1 a 10): 8,5.

Lo que más me gustó: La interpretación de Emmanuelle Riva. Su sutileza.

Lo que menos me gustó: La primera mitad de la película es algo lenta.


 

Comentarios

  1. Haneke vuelve a cambiar de registro. Con 'Amour' vuelca su mirada a la vejez y el derecho de morir en paz. Los actores, fantásticos. Un saludo!

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