15º FESTIVAL DE MÁLAGA - CINE ESPAÑOL (ESCENA 9 // INTERIOR - NOCHE)


Hoy, dos películas de jóvenes y adolescentes en el Festival. Jornada accidentada, además, por un problema técnico en el pase de Los niños salvajes.


ALI (o cómo llevar con aplomo la máscara de supervivencia)

TÍTULO: Ali. AÑO: 2011. NACIONALIDAD: España. DIRECCIÓN: Paco R. Baños. GUIÓN: Paco R. Baños y Rafael Cobos. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Nadia de Santiago, Verónica Forqué, Adrián Lamana, Luis Marco, Angy Fernández, Julián Villagrán, Clara Vázquez. MÚSICA ORIGINAL: Julio de la Rosa. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Álvaro Gutiérrez. MONTAJE: José Manuel García Moyano.

Después del pase de la película, su director Paco R. Baños declaró que el cine independiente norteamericano era su principal referente fílmico, citando, expresamente, películas como Buffalo 66 (1998) de Vincent Gallo o al director Wes Anderson, realizador de películas como Los Tenenbaums (2001), Life Aquatic (2004) o Viaje a Darjeeling (2007). A partir de esa afirmación, se pueden comprender muchos de los defectos y virtudes de Ali porque los comparte, en gran medida, con esa vertiente del cine estadounidense. El llamado cine indie se puede dividir en dos corrientes bien diferenciadas: una, más conectada con el llamado “realismo social” o con el “realismo sucio” (como representante paradigmático, Gus van Sant) y, otra, más amable que es donde se integraría las influencias manifestadas por Paco R. Baños. Esta segunda corriente se caracteriza por tener un tono más amable, próximo a la comedia, y con la presencia de elementos líricos y/o fantásticos. Con esto, estamos ya describiendo la película a comentar.







Como principales virtudes de Ali, en consonancia con su estilo y con las propias intenciones del realizador, están su “frescura y su insolencia”, aportadas en gran medida, por una magnífica pareja protagonista, Nadia de Santiago y Verónica Forqué, que hacen de hija y madre, respectivamente. Nadia interpreta a Ali, una chica áspera que no quiere enamorarse ni tener compromisos serios. Las negativas experiencias sentimentales de su madre le han disuadido de repetir los mismos errores. Su relación con un chico que está enamorado de ella (interpretado por Luis Marco) es problemática y casi tiene un perfil de montaña rusa. A partir de este planteamiento, la historia que se nos narra es la de un proceso de aprendizaje en que Ali aprenderá a abrirse emocionalmente y a irse quitando la máscara que se ha construido para sobrevivir en medio de las restricciones que ella misma se ha impuesto por miedo e inseguridad.

Toda la trama está salpicada de irónicos e imaginativos detalles visuales, de personajes y situaciones que hacen de contrapuntos humorísticos y poéticos (hay que prestar mucha atención al personaje de Julián Villagrán, que aporta elementos que inyectan gran originalidad a la narración) y en una música que se va ajustando al proceso gradual de cambio que experimenta la protagonista.

Pero, cayendo en el gran peligro del cine indie, la no adscripción a ningún género concreto provoca que la historia vaya dando bandazos de tono en las diversas fases de trama que generan desconcierto y cierta dispersión en el argumento. Al principio, parece una obra imbuida del espíritu del movimiento de los “jóvenes airados” británicos, de finales de los 50 y principios de los 60, pasamos después a situaciones que nos pueden hacer recordar otras películas española como Historias del Kronen (1995) de Montxo Armendáriz, Yo soy la Juani (2006) de Bigas Luna o Mentiras y gordas (2009) de Alfonso Albacete y David Menkes, pero, al final, descubriremos que se trata, básicamente, de una comedia romántica que, quizás, tiene miedo de serlo.

Aportando elementos interesantes y resultando, en última instancia, una película agradable, le falta quizás solidez y consistencia para ser una película redonda que, por los elementos manejados y por la inteligencia que se intuye en el director del film, podría haber sido.






Nota (de 1 a 10): 5.

Lo que más me gustó: su frescura. Nadia de Santiago y Verónica Forqué.

Lo que menos me gustó: sus bandazos de género.



Antes que nada, agradecer la actitud de hoy de los miembros del equipo de Los niños salvajes, que han acudido al Festival, con quienes lo estamos cubriendo. Por un problema técnico, el pase de la película estuvo interrumpido casi dos horas. Cuando se pudo dar una solución, quienes vinieron a representar al film (su directora Patricia Ferreira, la productora Miriam Porté y los actores Marina Comas, Alex Monner, Albert Baró, Ana Fernández y Aina Clotet), por propia voluntad, decidieron dar dos ruedas de prensa, una para los que esperamos a ver el final de la película y otra para quienes, por la tarde, decidieron ver el segundo pase de ese desenlace. Su disponibilidad y su sincero agradecimiento a los que estábamos allí presentes son gestos merecedores de mi aplauso.


LOS NIÑOS SALVAJES (ELS NENS SALVATGES) (o cuando la rebeldía cambia de nombre)

TÍTULO: Los niños salvajes (Els nens salvatges). AÑO: 2012. NACIONALIDAD: España. DIRECCIÓN: Patricia Ferreira. GUIÓN: Patricia Ferreira y Virgina Yagüe. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Marina Comas, Álex Monner, Albert Baró, Aina Clotet, Ana Fernández, Francesc Orella, José Luis García Pérez, Eduardo Velasco, Clara Segura,, Montse Germán, Emma Vilarasau, Mercè Pons. MÚSICA ORIGINAL: Pablo Cervantes. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Sergi Gallardo. MONTAJE: Antonio Frutos.

La rebeldía del adolescente es un tema clásico en la historia del cine. Desde la lejana Cero en conducta (1933) de Jean Vigo, pasando por Rebelde sin causa (1955) de Nicholas Ray, Los 400 golpes (1959) de François Truffaut, Rebelión en las aulas (1967) de James Clavell, En el abismo (1979) de Jonathan Kaplan, Rebeldes (1983) y La ley de la calle (1983) de Francis Ford Coppola, Mentes peligrosas (1995) de John N. Smith, Kids (1995) y Ken Park (2002) de Larry Clark o, más recientemente, La clase (2008) de Laurent Cantet. Entre estas películas, las hay menos duras y las hay especialmente crudas y amargas. Los niños salvajes se sitúa en esa transición donde la rebeldía juvenil muta en un comportamiento mucho más descarnado e implacable y muestra muchas de las carencias y falta de referentes de la situación actual. Sólo por ese motivo y por las reflexiones que suscita su historia, ya merecería la pena ver esta película.






Pero es que, además,  desde el punto de vista estrictamente cinematográfico, la realizadora Patricia Ferreira (que dirigió con anterioridad Sé quién eres -2000-, El alquimista impaciente -2002-, o Para que no me olvides -2005-) despliega una gran inteligencia en mantener la intriga de la trama y en desarrollar una estructura no lineal que es fundamental para enriquecer la historia desde diversos puntos de vista. También destaca el joven trío protagonista (Marina Comas, Álex Monner y Albert Baró) que se desenvuelve delante de cámara con gran desparpajo y desenvoltura.

A partir de una anécdota mínima, la narración va adquiriendo un creciente crescendo dramático hasta llegar a un brutal y desolador desenlace y, a lo largo del metraje, se irán desgranando cuáles son los problemas que afectan a los adolescentes, a sus familias y a sus profesores, siendo un testimonio de gran relevancia sociológica.

Los niños salvajes es ya (junto a A puerta fría), una de las grandes candidatas a conseguir el premio a la mejor película del Festival y su reparto seguro que se llevará algunos de los restantes galardones en liza.

Posiblemente, la objeción que tengo que hacer a la película es que, siendo verosímil, y seguramente ajustadas a la realidad, muchas de las cosas que vemos en ella, flaquea si evaluamos la consistencia de su diagnóstico. La atribución de responsabilidades que intuimos en el film es débil desde el punto de vista racional (quizás por ello, es un aspecto que ocupa un lugar muy, muy secundario) y deja al espectador con más preguntas que respuestas. Pero, al final, ello acaba siendo una virtud, en la medida en que generará un debate que, en los tiempos actuales, es más necesario que nunca.





Nota (de 1 a 10): 7.

Lo que más me gustó: su magnífico pulso narrativo. El trío protagonista.

Lo que menos me gustó: la debilidad de su diagnóstico.


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