TRANSFORMERS: EL LADO OSCURO DE LA LUNA (o, en serio, la deconstrucción de la abstracción)


TÍTULO: Transformers: el lado oscuro de la luna. TÍTULO ORIGINAL: Transformers: Dark of the Moon. AÑO: 2011. NACIONALIDAD: USA. DIRECCIÓN: Michael Bay. GUIÓN: Ehren Kruger. MÚSICA ORIGINAL: Steve Jablonsky. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Shia LaBeouf, Josh Duhamel, John Turturro, Tyrese Gibson, Rosie Huntington-Whiteley, Patrick Dempsey, Frances McDormand, John Malkovich, Kevin Dunn, Julie White, Buzz Aldrin. PÁGINA WEB OFICIAL: http://www.transformersmovie.com/intl/es/.


Michael Bay, director de títulos como La Roca (1996), Armageddon (1998), Pearl Harbor (2001) o La isla (2005), realiza, con la película que nos ocupa en esta entrada, la tercera entrega de la saga que él mismo inició con Transformers (2007) y Transformers: La venganza de los caídos (2009). Las películas de Bay son el prototipo de cine-espectáculo absoluto, repletas de efectos especiales y marcadas por la acción frenética, con un estilo de montaje que se ha hecho famoso por su sucesión de tomas cortas y su ritmo desenfrenado. En su nueva película, sigue fiel a su estilo. Lo que sucede es que es un estilo sobre el que merece la pena detenerse un momento. (En la revista de internet Miradas de cine, también han hablado de la película y han llegado a profundidades a las que yo no me atrevo a llegar: http://www.miradas.net/2011/06/actualidad/criticas/transformers-3.html).





Ha habido directores que, en vez de utilizar los géneros cinematográficos como medios para hacer películas, han hecho películas como medios para cumplir a rajatabla las prescripciones y clichés de los géneros cinematográficos. Antes que concebir el cine como vía para expresar ideas o para contar historias originales, han utilizado el cine para homenajear al cine mismo y ensalzar historias ya contadas con anterioridad. La materia narrada quedaba liberada de cualquier contexto o, mejor dicho, era aplicable a cualquier contexto temporal, consagrando su validez permanente. La muerte tenía un precio (1965) y Hasta que llegó su hora (1968) de Sergio Leone, Infierno de cobardes (1973) y El jinete pálido (1985) de Clint Eastwood, El eslabón del Niágara (1979) de Jonathan Demme, Vestida para matar (1980), Doble cuerpo (1984) u Ojos de serpiente (1998) de Brian de Palma y todo el cine de Quentin Tarantino son ejemplos de películas que podríamos denominar “abstractas”, en la medida en que buscaban centrarse en los mecanismos formales y temáticos del género abordado, prescindiendo de cualquier tipo de marco histórico o circunstancial.

Michael Bay, en toda la saga de Transformers, no sé si consciente o inconscientemente, da un giro de tuerca al planteamiento descrito. Ya no se trata sólo de aplicar de modo sistemático los esquemas del cine de acción, sino de desmontarlos en nuestra presencia (es lo que he llamado la deconstrucción de la abstracción) y mostrárnoslos con regocijo a la vez que se recombinan, se reajustan y se transforman las piezas de los robots que dan título a la película.

El director parece decirnos: ¿Qué ha de tener una película de acción para que triunfe? Para empezar, un héroe que sea un buen chico con cara de angelito. ¿Quién mejor que Shia LaBeouf, con cara de no haber roto un plato en su vida? Seguro que si unos padres salen alguna noche, no dudarían en dejar a sus hijos al cuidado de este chaval… ¿Quién acompaña al héroe? Pues, claro, una chica. Y no una chica cualquiera: tiene que ser una chica supersexy. Y, por supuesto, no es importante que la actriz tenga dotes interpretativas. Es casi mejor que no las tenga. Por ello, es absolutamente lógico que Megan Fox (que hacía algún esfuerzo por realizar una interpretación digna de tal nombre) deje su paso a Rosie Huntington-Whiteley (modelo de Victoria´s Secret, que no hace ningún esfuerzo al respecto). Habiendo secretos de Estado de por medio que son ocultados a la opinión pública, ¿qué hace falta? Pues alguien que tomen por loco y que no lo esté tanto. ¿Y quién mejor que John Turturro que ya hizo de pirado en Barton Fink (1991) de los hermanos Coen? También un miembro de la Administración (Frances McDormand), que manifieste suficiente impericia (porque la Administración, ante una invasión extraterrestre, siempre toma, al principio claro está, medidas equivocadas). Y, por supuesto, faltan los oficiales del ejército (Josh Duhamel y Glenn Morshower) que ya son viejos colegas del héroe. Poco importa que en las dos primeras películas estos oficiales hayan demostrado que tienen pocos recursos contra los “malos” y que hayan hecho perder al ejército norteamericano varias compañías, armamento por valor de varios millones de dólares y toda una base militar en la Península Arábiga. Los vuelven a enviar (inexplicablemente) y, por supuesto, vuelven a fracasar lastimosamente porque, está escrito, mientras no acuda el adolescente inexperto a intervenir en el combate, la cosa no va a tener solución. Ya sólo quedan unos pocos detalles: los padres (Kevin Dunn y Julie White) que siempre están interviniendo y que se preocupan por lo que su hijo haga en su cuarto o cuántas entrevistas de trabajo vaya a tener, cuando aquél en lo que anda ocupado es en salvar al mundo del apocalipsis; un malo malísimo (Patrick Dempsey), que es un traidor que se pone del lado de los enemigos de los seres humanos y cuyos motivos son bastante estúpidos (o es que, quizás, no hay ni motivos, no queda muy claro), pero esto es irrelevante, tiene que haber un malo y ya está, no nos fijemos en tonterías … Y, por supuesto, mogollón de efectos especiales (además, en 3D, que molan más). Agitamos, removemos y ¡hala!, ya está: película de acción al canto.

Transformers: El lado oscuro de la luna tiene que ser vista de este modo: como la apoteosis de la acción pura, sin mensaje ni reparos ni subterfugios. Sólo así se pueden apreciar sus virtudes y comprender sus defectos, que pasan a un segundo plano cuando tiene lugar, en un Chicago fantasmal y apocalíptico, la lucha final entre los Autobots y los Decepticons.


Nota (de 1 a 10): 7.

Lo que más me gustó: el último tercio de película es absolutamente ES-PEC-TA-CU-LAR.

Lo que menos me gustó: John Malkovich ha tenido mejores momentos.


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