EMA DE PABLO LARRAÍN. CUANDO EL SISTEMA TIENE GRIETAS ESCURRIDIZAS…


TÍTULO: Ema. TÍTULO ORIGINAL: Ema. AÑO: 2019. NACIONALIDAD: Chile. DIRECCIÓN: Pablo Larraín. GUION: Guillermo Calderón y Alejandro Moreno. MONTAJE: Sebastián Sepúlveda. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: Sergio Armstrong. MÚSICA ORIGINAL: Nicolas Jaar. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Mariana Di Girolamo, Gael García Bernal, Santiago Cabrera, Paola Giannini, Cristián Suárez. DURACIÓN: 102 minutos. PÁGINA WEB OFICIAL: http://bteampictures.es/ema/.

CALIFICACIÓN: 

El realizador chileno Pablo Larraín se ha convertido por meritos propios en uno de los nombres más importantes del panorama cinematográfico no solo latinoamericano sino internacional. No (2012), El club (2015), Neruda (2016) y Jackie (2016) jalonan una filmografía tan diversa como imprevisible en la que el conflicto entre apariencia y realidad parece ser uno de los ejes temáticos esenciales pero en la que también están presentes cuestiones como la formación de la identidad, la indagación en el pasado y la existencia de grietas en el orden establecido. Muchos de esos aspectos están en su última película, Ema, aunque no es menos cierto que esta representa un giro radical en relación a las cuatro películas mencionadas, de forma que si estas miraban al pasado, su film más reciente habla en gran medida del presente pero, sobre todo, acaba siendo una propuesta sobre cómo lo que parece un sistema sólido e inquebrantable presenta resquicios inesperados por los que logran escurrirse consecuencias imprevistas e, incluso, indeseadas por el propio sistema. El punto de partida de Ema es una pareja de artistas (Mariana Di Girolamo y Gael García Bernal) que han devuelto a un niño que habían adoptado a raíz de un incidente de él con la hermana de ella.  Este hecho, que les hace ser mal vistos por su entorno, se une a la propia desconfianza del sistema por la forma de vida de la pareja, que le lleva a ser receloso sobre su capacidad para asumir la responsabilidad de cuidar a un niño. Ahí está la causa de la contundente frase que la funcionaria de adopciones le dice a la pareja: “El sistema está diseñado para que personas como ustedes no puedan adoptar niños”. Y, a partir de esa inapelable sentencia, que casi se puede considerar como detonante de la trama, el personaje de Mariana Di Girolamo se lanzará a construir un complejo mecanismo para recuperar al niño al que ha renunciado, mecanismo que no va a discurrir por cauces convencionales y que conducirá al éxito mediante un resultado absolutamente imprevisto  que servirá para situarse al margen del sistema pero sin incumplir lo que el sistema ha dictado.




Para contar la historia, Ema se sirve de un andamiaje visual y sonoro como nunca Pablo Larraín había empleado antes, con un preciosismo estético deslumbrante (con imágenes tan expresivas como con la que se abre el film, con la protagonista con un lanzallamas frente a un semáforo ardiendo, metáfora perfecta de todo lo que veremos a continuación) y una banda sonora que alterna, en chocante contraste, tanto la música de vanguardia como los ritmos de discoteca menos sofisticados, de modo, que si atendemos a la situación de profunda manipulación emocional de la que seremos testigos a lo lago de los 100 minutos de película, en algunos momentos podríamos afirmar que nos encontramos en el ecosistema predilecto del cine de Haneke solo que desarrollado a ritmo de reggaetón. Ema nos habla de las nuevas situaciones que, poco a poco, son cada vez más frecuentes y en las que las relaciones personales y sexuales se van despojando de prejuicios e ideas preconcebidas y ello lleva a que, de facto más que de iure, puedan ir surgiendo nuevas formas de convivencia que alteren radicalmente  las estructuras establecidas. Y es en ese punto, en el desenlace del film, donde, posiblemente, radique el propósito del film: más que dar una respuesta cerrada y definitiva, constituye todo un reto para el espectador posicionarse ante lo que ha visto y decidir si Ema es una exaltación del futuro o una advertencia sobre el mismo. Posiblemente, sin irse a dichos extremos, cabría decir que la moraleja de Ema vendría a ser que los tiempos han cambiado y que la nostalgia por un pasado que no ha de volver es tan absurda como inútil.

TRÁILER DE LA PELÍCULA:


IMÁGENES DE LA PELÍCULA:














Comentarios