29º FANCINE DE MÁLAGA (4): EXISTENCIALISMOS DIVERSOS



En la tercera jornada del 29º Festival de Cine Fantástico de Málaga, vimos tres películas que, cada una a su modo, como es habitual, planteaban otra vertiente del fantastique: la de plantear cuál es nuestra posición en el mundo, en el Universo, en un presunto orden establecido; la de reflexionar sobre si la vida tiene sentido o no; la de llegar a creer o no en que si es posible hacer justicia y restablecer una mínima jerarquía moral; la de intentar comprender cuál es el peso del pasado y de las herencias familiares en lo que somos y en lo que vivimos... Y todo ello, se puede hacer desde la ciencia-ficción más sesuda, desde el glorioso modelo del thriller de serie B y desde la comedia gamberra que carece de prejuicios y autolimitaciones...



La primera jornada fue una película de ciencia-ficción que es una coproducción entre Suecia y Dinamarca. Aniara está dirigida por Pella Kagerman y Hugo Lilja y está basada en una obra del Premio Nobel de Literatura Harry Martinson. En un futuro próximo, el planeta Tierra ha dejado de ser habitable para el hombre. En consecuencia, toda la humanidad está siendo trasladada al planeta Marte con el fin de poder continuar su existencia. Sin embargo, una de las inmensas naves que está efectuando el traslado sufre un accidente, se sale de su trayecto y se ve obligada a soltar todo su combustible, de manera que es imposible que recupere el rumbo correcto para alcanzar el planeta rojo. A partir de ahí, todos los viajeros e integrantes de la tripulación deberán adaptarse a una situación límite en la que todos los fantasmas, obsesiones, miedos y heridas sin cerrar acaban aflorando y desgastando la esperanza de hallar una solución al difícil problema que les afecta. Aniara se inscribe en esa ciencia-ficción lírica y reflexiva que indaga en las grandes preguntas que afectan al ser humano y las contextualizan en la inmensidad de un Universo silencioso que no da respuestas sino que añade nuevos y más complejos problemas a las preguntas ya planteadas.



Anderson Falls es un thriller de nacionalidad belga, rodado en Los Angeles con un reparto estadounidense (encabezado por Shawn Ashmore - a quien hemos visto en X-Men (2000) y X-Men 2 (2003) de Bryan Singer, 3 agujas (2005) de Thom Fitzgerald, X-Men: La decisión final (2006) de Brett Ratner y X-Men: Días del futuro pasado (2014) de Bryan Singer, y Lin Shaye, a quien hemos visto en Pesadilla en Elm Street (1984) de Wes Craven, Dos tontos muy tontos (1994) y Algo pasa con Mary (1998) de Peter y Bobby Farrelly, Cellular (2004) de David R. Ellis y en las cuatro entregas de la saga Insidious de Leigh Whannell- y realizado por el director, guionista y productor francés Julien Seri. Anderson Falls se inscribe en la filosofía clásica del thriller de serie B: noventa minutos perfectamente encajados y estructurados, con una narración que se ajusta a la exposición clara y directa de los hechos y con una violencia dura y sin concesiones que sitúa al espectador en un territorio incómodo y desasosegante. La mujer del protagonista, miembro de la policía de Los Angeles, parece haberse suicidado aunque, en realidad, ha sido asesinada por dos tipos cuyos motivos no quedan aclarados. El policía no acaba de creerse la versión del suicidio y se obsesiona en investigar casos similares para descubrir qué pudo sucederle realmente a su mujer. El protagonista acaba sumergido en una espiral nefasta que acaba afectando a su relación con su hijo pero acaba dando con una pista que le pondrá en vías de resolver el misterio. Anderson Falls realiza una inquietante reflexión sobre la violencia y la venganza en la que, para que el bien se imponga, parece que no hay otra vía que utilizar procedimientos duros e implacables que se mueven en resbaladizos territorios morales.



El director Julien Seri, que también forma parte del jurado del certamen, presentó ante el público su film y contó varios detalles sobre su rodaje



Pata terminar la jornada, vimos Come to Daddy de Ant Simpson, protagonizada por Elijah Wood, una comedia gamberra de humor negro muy en la línea de Solamente se vive una vez (1996) de Jim Wilson. Tú asesina, que nosotras limpiamos la sangre (1996) de Reb Braddock, Giro al infierno (1997) de Oliver Stone, Very Bad Things (1998) de Peter Berg o Caramelo asesino (1999) de Darren Stein. Elijah Wood interpreta a un peculiar DJ que realiza un largo viaje para reencontrarse con su padre, quien abandonó a él y a su madre cuando solo era un niño de corta edad y que ahora vive en una casa solitaria junto al mar. Cuando llega allí, el protagonista ve que nada es como esperaba pero todo empeorará cuando una sucesión de hechos inesperados lo acaben llevando al centro de una trama delictiva en la que vivirá hechos absurdos y surrealistas. Come to Daddy se ajusta al tradicional mecanismo de la comedia negra en la que cada muerte es celebrada con una sucesión de carcajadas y en la que la caída del protagonista en una espiral de sangre y violencia es la aproximación a un clímax en el que el leit-motiv esencial es el descenso a los infiernos. Se trata de una película que es resuelta con suma eficacia y que cuenta con una gran interpretación de Elijah Wood, que se desenvuelve a la perfección en este tipo de papeles, aunque, con tantos antecedentes previos con relatos similares, tampoco brilla demasiado por su originalidad.



El fantastique se plantea, en muchas ocasiones, cuál es la jerarquía real en la que nos moveos, cuál es el auténtico lugar que ocupamos en un orden que apenas conocemos y a duras penas comprendemos...




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