LA PRIMERA CITA DE JESÚS PONCE. DESENTERRAR EL PASADO PARA CONQUISTAR EL FUTURO




TÍTULO: La primera cita. TÍTULO ORIGINAL: La primera cita. AÑO: 2018. NACIONALIDAD: España. DIRECCIÓN, GUION Y MONTAJE: Jesús Ponce. DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA: David Barrio Calderón. MÚSICA ORIGINAL: Juan Cantón. INTÉRPRETES PRINCIPALES: Isabel Ampudia, Sebastián Haro, Mercedes Hoyos, Víctor Clavijo, Bruto Pomeroy, Darío Paso. DURACIÓN: 103 minutos. PÁGINA WEB OFICIAL: http://kmpc.es/pw/?page_id=426.

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La memoria no está dominada por las palabras. En ella, hay, fundamentalmente, imágenes. Y, por ello, ha sido el cine el arte que mejor ha sabido indagar, explorar y recorrer en sus recovecos, en sus paradojas y en su poder para guiar la conducta de las personas y el devenir de los pueblos. Sin tener que recurrir a Memento (2000) o a Origen (2010) de Christopher Nolan o a Todo está iluminado (2005) de Liev Schreiber, podríamos encontrar, mirando hacia atrás, un antecedente mucho más potente y revelador en Alain Resnais. Tanto Noche y niebla (1956) como El año pasado en Marienbad (1961) son dos visiones complementarias de cómo los recuerdos (y su ausencia, y su manipulación) son un elemento decisivo del presente. En el primer caso, se trata de cómo relatar con imágenes aquello (el Holocausto nazi) para lo que no existen imágenes sino solo recuerdos, ecos, retazos… En el caso de El año pasado en Marienbad, a través de un enigmático triángulo formado por una mujer y dos hombres, se mostraba cómo, dependiendo de la forma en que los recuerdos eran reconstruidos a partir de los fragmentos de una memoria devastada, se podía dirigir y determinar la conducta de una persona.

El estilo de Jesús Ponce es completamente diferente al de Resnais, ya que en él predomina el realismo y una mirada cálida y afable hacia el ser humano y sus circunstancias. Pero no es menos verdad que, a través de una delicada trama de sutilezas cuidadosamente enhebradas, La primera cita va más allá de su primera capa argumental para apuntar a lecturas que van mucho más allá de los problemas y circunstancias de sus personajes. Lo que vamos viendo en La primera cita es cómo el incipiente Alzheimer que se le detecta a Isabel (Isabel Ampudia) va afectando a su vida cotidiana y a su matrimonio con Sebastián (Sebastián Haro), un militar de corte autoritario y forma de pensar rígidamente tradicional que no sabe cómo afrontar su nueva situación al carecer de la necesaria empatía emocional para poder gestionarla. El giro argumental decisivo que se da en La primera cita ocurre cuando, conforme los recuerdos de Isabel se van desorganizando y desestructurando, va surgiendo la auténtica realidad vital de ambas personas, la realidad que se hallaba enterrada bajo el peso de recuerdos falsamente felices y armoniosos.






Conforme esa realidad oculta va aflorando, el desarrollo de la historia de La primera cita va desbrozando una forma de vida y un sistema de valores en el que la mujer ocupa un lugar subordinado y en el que los sentimientos y las emociones son reprimidos bajo el peso de una concepción errónea de la masculinidad y de las relaciones de pareja. La enfermedad de Isabel pone a Sebastián ante el espejo de sus contradicciones y en sus sucesivos encuentros para ir desvelando la verdad de su propio pasado, descubrirá la profunda impostura que anidaba en la vida que había llevado sin que en ella hubiera cabido ni la duda ni la puesta en cuestión de dogmas presuntamente inamovibles. Si conectamos este desarrollo de la trama con las fotos que vemos al comienzo del film, mientras se proyectan los títulos de crédito, podemos intuir que el relato apunta no solo al microcosmos personal de los protagonistas sino que lleva implícito un alcance social y político mucho más amplio y profundo

Jesús Ponce, tras realizar cuatro largometrajes – 15 días contigo (2005), Skizo (2006), Déjate caer (2007), Todo saldrá bien (2015)–, dos series – Pelotas, para TVE, y Padre Medina, para Canal Sur–, una TV movie Diamantino (2016) –, dos movie documentaries El precio del éxito (2017), sobre el boxeador José Manuel Ibar “Urtain” y Una vida entre dos aguas (2019) sobre el guitarrista Paco de Lucía– y el documental La última toma (2018), sobre la figura del director Claudio Guerín Hill, realiza con La primera cita la que creo que es su mejor película hasta la fecha. Intensa, reflexiva y emocionante, el director ha sabido crear un perfecto clima de complicidad con su reparto, integrado por muchos de los actores habituales de su filmografía, que brillan, todos sin excepción, a un altísimo nivel. Están perfectos Darío Paso, Víctor Clavijo y Bruto Pomeroy y está magnífica Mercedes Hoyos en un personaje que, sin ser protagonista, acaba alcanzando una intensidad sugerente y poderosa, pero hay que destacar, sobre todo, a Isabel Ampudia y a Sebastián Haro que, por utilizar una expresión de la prensa deportiva, están “imperiales” en sus respectivos papeles, convirtiéndose, por méritos propios, en la columna vertebral del film.

La primera cita no es una superproducción, ni falta que le hace, porque con sencillez, con honestidad y afán de transmitir verdad a través de sus fotogramas, logra conmovernos, llevarnos a la reflexión sobre lo que no funciona en nuestras vidas y animarnos a pensar que siempre hay una última oportunidad para enderezar todo aquello que provoca nuestra infelicidad y hace colocarnos en nuestro rostro una máscara que no corresponde a nuestro auténtico ser.



TRÁILER DE LA PELÍCULA:




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